Una sociedad dentro de la sociedad

El grupo de los sin techo es tan complejo y variado como la sociedad misma. Esta ha sido la principal conclusión de nuestro trabajo. Lejos de poder definir un perfil medio, nos quedamos con la enumeración de todo lo que nos hemos encontrado dentro de este colectivo: inmigrantes, mujeres maltratadas,  enfermos mentales, drogodependientes, alcohólicos, gente sin estudios ni cultura, personas con estudios universitarios,…

Como no podemos hablar del “sin techo medio” nos quedamos con estos datos porcentuales, elaborados por Arrels Fundació, que nos acercan a la realidad de la gente sin hogar:

  • el 83% son hombres, la edad media es de 38 años y sus ingresos son de 302 euros al mes.
  • el 37,5% llevan más de tres años sin alojamiento propio. La mitad busca trabajo.
  • el 14,2% practica la mendicidad
  • el 46% tienen hijos
  • el 30% son abstemios y nunca han consumido drogas
  • el 64.8% tienen estudios secundarios y el 13,3% estudios superiores
  • el 17.5% recibe prestaciones públicas
  • el 51,8% son españoles y el 48,2% son extranjeros.

Al inicio de nuestra investigación nos planteábamos tres cuestiones: ¿Cómo se comunican los sin techo? ¿Cómo lo hacen con los voluntarios? ¿Y cuál es su noción de grupo?

A estas alturas, podemos concluir:

– Los sin techo apenas se comunican. Apenas interactúan, hablan de cosas intrascendentes cuando comparten albergue, cola para comer o sala de espera en la oficina del trabajador social. Por la variedad de perfiles de la que ya hablamos, sabemos que no se sienten unidos o identificados con el Otro. Se sienten superiores al que, como él, está en la calle. La mayoría creen que su situación es temporal y “no deben mezclarse con esa gente”. El nivel de comunicación solo aumenta cuando estos forman parte de grupos de reinserción o, por voluntad propia se juntan en los cajeros.

– Con los voluntarios la relación siempre es vertical. Las normas de los albergues y demás espacios de solidaridad son rígidas y hacen que el sin techo vea en el voluntario a una referencia de comportamiento, a alguien a quien debe respetar si pretende conseguir sus objetivos (seguridad, descanso, calor,…)

– Como apuntamos, ellos no se sienten grupo. Se sienten tan distantes como nosotros podemos sentirnos de una persona totalmente distinta a nosotros. Solo las situaciones extremas (la inseguridad de la calle, el control policial,…) hacen que se unan y actúen como colectivo que necesita sobrevivir en grupo.

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Posted on 13 Abril, 2011, in Sen clasificar and tagged , . Bookmark the permalink. 4 Comentarios.

  1. Es lógico que no se sientan como grupo, ya que las situaciones que han pasado a lo largo de la vida les hace ser más desconfiados. ¿ Creeis que podrán sentir ese sentimiento el resto de su vida o que ya es algo que no se puede solucionar?

  2. Alejandro López Carballeira

    Hola Lena,
    No puedo darte una respuesta absoluta pero te contaré un par de situaciones. El responsable del albergue en Santiago nos contaba como los antiguos usuarios del albergue lo saludan cariñosamente por la calle. Es decir, no se avergüenzan de su pasado (podían evitarle mirando hacia otro lado), pero hay que tener en cuenta algo: a quien están saludando es a un voluntario, alguien que les ayudó, no a un “igual”, otro usuario.
    He conocido a un chico que salió de la calle y que con frecuencia hace referencia a antiguos compañeros de cajero, que hoy están en otras ciudades y con los que ha conseguido contactar.
    Con todo esto quiero decir que la superación del problema depende de la fuerza y el carácter de cada uno. Personalmente, creo que la desconfianza se supera cuando: no ha sido tan fuerte como para convertirse en un trauma, y cuando se alcanza la estabilidad emocional.

  3. Nuria Lago Rodríguez 2b3 2m

    Como mi compañero Alejandro creo que la clave para lucha contra la desconfianza es que los sin techo alcancen la estabilidad emocional y lo que ésta conlleva: trabajo, un hogar, seguridad económica…
    Por suerte, en albergues como el de A Coruña, Padre Rubinos trabajan para la reintegración de estas personas en la “sociedad” ayudándoles con un grupo de seguimiento e intentando encontrarles un trabajo.

  4. Diego Fonseca Rodríguez

    A mí una de las cosas de los “sin techo” que más me llamó la atención durante mi estancia en el comedor social de Santiago es la poca comunicación que existe entre ellos. Apenas hablan y solo intercambiaban unas cuantas palabras algunos conocidos que frecuentaban el lugar. Además, también despertó mi atención que, a pesar de que discuten frecuentemente (siempre por temas triviales: alguién se cuela en la fila, les falta un poco de comida, etc.) tratan con respeto a los voluntarios, ya que son los que se encargan de solucionar sus problemas. Como vosotros decís, es una relación vertical.

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