The Postman

El escenario es el Apocalypsis, es la vuelta a lo primigenio, la agonía de la civilización del futuro a causa de una devastadora guerra mundial, causante de daños incalculables. Los habitantes de los Estados Unidos vuelven al modo de vida de sus más pretéritos antepasados, al igual que vivían los colonos en el viejo oeste. No hay ni rastro de la exhuberante civlización que uno presupone al año 2013 (recordemos que el filme es de los noventa), sólo agrupaciones en forma de poblados de docenas de habitantes a lo sumo. Es un mundo de duros inviernos, bandidos implacables, hambrunas y dificultades.

Y bajo este infame telón, surje un rayo de esperanza, un hombre que se hace llamar simplemente “El Cartero”, se dedica a reestablecer el desaparecido servicio de correspondencia por carta entre los habitantes de distintos asentamientos que quedaron separados e incomunicados tras la guerra. Y más allá de las simples misivas o postales, lo que devuelve El Cartero es la ilusión, es la confianza en que no todo está perdido, en que por muy atroces que sean las circunstancias, siempre hay que creer en el bien final. Las dificultades y desventuras que sufre el protagonista a la hora de entregar sus cartas son conmovedoras e inacabables, mostrando asimismo la importancia del Servicio Postal en la vertebración de un país. Y de forma inesperada, el propio cartero se convierte en el heroico líder de una revolución para devolver la palabra “justicia” a un mundo que acosaba la falta de la misma.

Los elementos paisajísticos y ambientales, de una calidad sublime, rayan una especie de belleza que se hace incómoda, la belleza de la destrucción, la atracción del propio caos, ayudados hábilmente por las composiciones sinfónicas y de viento-metal de James Newton Howard. Una desolación que se hace agradable, deseable, segun va transcurriendo la película. Un futuro que se hace digno merecedor de la esperanza proveniente de lo más profundo de los corazones de niños y adultos.

Está claro que no es el mismo Kevin Costner de aquella obra maestra que fue “Bailando con Lobos” (quizás el mejor western jamás rodado), pero gracias podemos dar de que tampoco sea el de “Waterworld”. Objetivamente, el filme fue un fracaso en taquilla, algo inesperado, pues el cóctel de patriotismo a ultranza, defensa de la libertad y la comunicación y el trasfondo de superación personal es un pastiche que mucho gusta en las lejanas tierras del otro lado del Atlántico. La crítica, por su parte, tampoco se mostró demasiado condescendiente con el filme y acusó un ritmo quizás demasiado lento para un exceso de metraje, así como una nula visión del propio Costner hacia el mundo exterior, centrado (ya desde el momento de idear la historia) únicamente en sus queridos Estados Unidos, haciendo la cinta más difícilemente digerible y asimilable para el resto del panorama internacional

Desde aquí, pese a la irregular opinión pública que mantiene The Postman, recomendamos su visionado, el visionado de una historia de cómo la civilización puede sobreponerse a la destrucción más absoluta, una historia de como la comunicación, un mero servicio de cartas, puede revivir una nación, una historia de un héroe shakesperiano que lucha en un escenario digno de Mad Max, una historia, en definitiva, de esperanza.

Titulo Original: The Postman

Director: Kevin Costner

Año: 1997

Nacionalidad: Estados Unidos

Reparto: Kevin Costner, Will Patton, Olivia Williams, Tom Petty

TGP 1C

Posted on 6 Maio, 2011, in Sen clasificar and tagged , . Bookmark the permalink. 1 comentario.

  1. Moisés Blanco

    Esta película es la madre intelectual y creativa de una película estrenada no hace mucho: El libro de Eli, un escenario post-apocaliptico, un personaje solitario que viaja por unos EEUU en ruinas, un pasado semi-desconocido y la misión de entregar un mensaje. En El cartero eran (déjame adivinar) cartas, en El libro de Eli la mismísima Biblia, la última que queda, o al menos una de las últimas que quedan, y con ella la esperanza que la Ética y la Moral (si, sí, agárrense bien a dónde puedan, con mayúsculas y con dos huevos) a un mundo donde la línea que separa la supervivencia de la violencia gratuita o la lujuria de uno solo es tan fina que apenas sabe uno dónde está.
    Curioso como el miedo que instauró la Guerra Fría a un apocalipsis nuclear en la mentalidad colectiva aún sigue dando coletazos.

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