Una serie de catastróficas desdichas: Turquía

¿Por qué Turquía?– me pregunta la gente a menudo.

Pues bien, después de echarle un vistazo a algunos de los post de mis compañeros que se embarcan también en la aventura Erasmus  he llegado a la conclusión de que yo no tengo nada nuevo que aportar a cerca de este lugar, que nunca soñé con vivir allí, y  que ni siquiera fue una idea loca que se me haya ocurrido este año.

La ilusión que tuve siempre era un intercambio en Amsterdam, la ciudad más alegre del mundo, con coffee shops y bicicletas por todas partes. cuando este año salieron los destinos, la USC me dio una gran hostia, ya que mi preciado lugar no estaba entre los propuestos por nuestra facultad. Entonces analizando la situación me di cuenta de algo: No somos dueños de nuestros destinos o, al menos no en el momento en que las notas están puestas.

De todos los destinos propuestos me hubiera encantado ir a Italia, aunque no fue posible porque suspendí el examen de Italiano (algo muy lógico); Alemania, también imposible sin su correspondiente idioma, etc. Luego Me quedaron otros muchos destinos igualmente apetecibles pero a los que no podía aspirar ( tampoco hace falta ser una lumbrera para saber que mucha mas gente las solicitaría con mejores notas que yo).

En fin, que al final yo y mi querida amiga María nos decidimos por Grecia y Dinamarca y cubrimos el papelito en su casa. Cuando llegó el día de la entrevista María estaba en casa y yo en la facultad, sin papelito claro. En definitiva, que lo tuve que volver a cubrir y como no me sabía el nombre de la universidad me confundí y puse Anadolu, mi destino final.

Hoy en día me alegro de la oportunidad, porque si no hubiera puesto Turquía no entraría en ninguna otra. cuando me enteré de la noticia mi cama casi se hunde como el Titanic de tal disgusto, pero después de pensarlo mucho, qué coño! Me alegro mucho y me apetece muchísimo ir a donde el destino quiso que fuera a pesar de que a estas alturas pueda contar con los dedos las personas que  realmente me apoyan a que me vaya.

La facultad de comunicación es espectacular, tengo mil y un sitios que ver y una cultura muy muy diferente que analizar y con la que convivir día a día. Estoy segura  de que sobreviviré, y podré escribir un post desde allí contando lo genial que es, subir las mil cosas que tengo para fotografiar y volveré a casa hasta arriba de recuerdos. Creo que en un año podré vivir y aprender como si fuesen 40.

Hasta entonces, seguiré confiando en el destino si no me queda más remedio.

Elena Eiras Fernández

Posted on 9 Maio, 2011, in Documentos and tagged . Bookmark the permalink. 3 Comentarios.

  1. María Glez Salpurido

    A pesar de que al principio las dos descartamos la opción de Turquía, a pesar de la bofetada que llevé cuando supe que te ibas y a pesar de lo mucho que sé que te voy a extrañar confío en que vas a aprovechar muy bien esos 5 meses y que me recibirás con los brazos más que abiertos cuando te vaya a visitar. Quiero (y espero) que vengas con muchas matrículas y muchas muchas anécdotas que contarnos sobre lo bien que te lo pasaste allí y lo poco que nos echaste de menos.
    Mientras, desde aquí, estaremos con la cuenta atrás esperando a que vuelvas y tengamos, como siempre, los mejores apuntes (o al menos los de mejor portada).

  2. Martínez Hermida

    Buenísimo. Apurar las desgracias con comicidad es algo que particularmente valoro mucho. A pesar de que las hostias, por supuesto, duelen. Lo de Elena es puro slapstick. Pero confiemos en que el destino (que ha sido puro destino) nos la devuelva de las Ithacas con más fortaleza y conocimiento del que seguro atesora (pues en alguna parte debe de guardarlo, aunque al menos yo no tuviera tiempo de advertirlo en un cuatrimeste, no se nos deja ver, no se nos visibiliza a menudo con este humor tan de estruendo) No conozco el lugar a dónde va, pero Turquía es un lugar ensoñado. Que tengas suerte y lo pases bien.

  3. Moisés Blanco

    Ay, Elena… ¿no te hace gracia ver la cara que pone la gente cuando les dices que te vas a Turquía? Yo me descojono. Me hace gracia también el detalle de que fue un destino que por alguna razón eligieron solo dos o tres personas.
    Turquía está en más o menos en Mordor, y es tan diferente que vamos a sentir lo que sienten los inmigrantes que trabajan como marineros en mi pueblo cuando algunas personas nacidas allí, en un lugar que a veces es cerrado y ruín, casi rozando lo chovinista, los observan pasear por la calle negando con la cabeza, susurrando por lo bajini “hay que ver”.
    Y, además, está cerca de sitios a los que uno le da que pensar si de verdad quiere ir ahí de verdad: Israel, Palestina, Irán…
    Fetén. Me metí en periodismo para que me pagaran por acabar en un lugar en el que nunca me imaginaría terminar y aún por encima, aprender a vivir ahí.
    También me metí en periodismo porque leí mucho más de lo que era sano a mi edad y se me metió en la cabeza que yo también quería ser un ciudadano del mundo y viajar de un lado a otro (viajar, que no hacer turismo. Quien no sepa la diferencia, Los paseos por Roma de Stendhal le pueden explicar a uno esta sutil discrepancia).
    Así que me hace gracia ver la reacción de la gente cuando me dicen que me voy Turquía. Yo solo sé que me voy a divertir como un niño pequeño de tanto pillar aviones y patearme las calles.

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