¿Practicas la demagogia?

Aunque haya gozado de una connotación positiva en la antigua Grecia, actualmente, esta práctica no semeja pulcritud comunicacional. La habilidad para tratar muchedumbres, una buena presencia física y cierta elocuencia en la oratoria, son los requisitos necesarios para configurarse un apreciado perfil demagogo.

Este hábito de dominación tiránica sobre la patria aparenta encontrarse a la orden del día. La clase política ha sido el gremio que, humildemente, sustenta el máximo apogeo del ejercicio en cuestión. Asiduamente, recibimos un variado catálogo de inculpaciones metafóricas en el seno del entramado mediático. Los diarios, cadenas de tv y emisoras de radio acostumbran recolectar los pellizcos rencorosos que el sector dialéctico por excelencia se dedica con fidelidad pasmosa.

Las promesas inalcanzables, el apoyo necio de las bases sociales y la exaltación de las bajas pasiones populares, ensalzan con gallarda elocuencia, el promiscuo carácter y confianza poblacional que se le designa al conglomerado político.

No obstante, este uso no merece el sacramento de clasista. Todo ciudadano justo e irreflexivo resulta susceptible de acometer mediatización en la habitual comunicación interpersonal de la red social humana.

Ahora soy yo el que apelo a tu integridad. ¿Qué opinas de esta “democracia de la laringe”? ¿Te sumas a ella o prefieres una dialéctica más higiénica?

Veiga Amorín, S3E, 4B2.

Posted on 6 Maio, 2012, in Sen clasificar and tagged , , , , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. Carlos Asensio Castro GBCP

    Néstor, demagogia debería de ser una lección de toda ciencia política. Tienes razón en eso, pero lo que yo creo es que la gente también es muy fácil de convencer. Me parece increíble que nos llamemos animales inteligentes, creo que es inconcebible que una persona nos convenza con promesas que no se pueden cumplir pero que a nosotros nos gustan. Creo que la demagogia se emplea muy gratuitamente por parte de los políticos, pero es porque nosotros también les dejamos.

    Carlos Asensio Castro, GBCP

  2. Sin duda,Carlos. Somos nosotros quienes alimentamos el engaño colectivo que desprende la clase política. Solemos aplaudir aquellas propuestas que, aunque suenen descabelladas, nos ofrecen eso que deseamos oír. En este sentido, a veces la lógica racional que configura nuestro intelecto humano deja paso al fanatismo político, en ocasiones, bastante irracional que no permite visualizar la realidad de una forma óptima. De motu propio nos insertamos en el embuste comunitario y de la misma forma, hacemos uso de las más lozanas artimañas para manipular el trasfondo comunicativo de nuestros mensajes. La red social humana resulta tan compleja o más que la mente de algunos de sus integrantes. Gracias por comentar.

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