«Sólo me creeré que todo está arreglado cuando el banco me lo diga»

Hablamos con Sandra, enfrentada a una orden de desahucio

“Yo no abandono el barco por muy dura que sea la tormenta”.  Al frente de esta tripulación está Sandra, una brasileira de ascendencia alemana afincada en Galicia.  Una mujer que recoge la fortaleza de los germánicos y la dulzura de los latinos.  Con una sonrisa y sin  reparo nos abre las puertas de su casa. Una casa, un hogar que ahora le exigen abandonar.

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“Cuando llegué a Galicia  creí haber llegado al paraíso. Había seguridad, los niños corrían por las calles e incluso las barras de pan se dejaban en los portales. Mi marido tenía trabajo fijo y yo hacía pequeñas manualidades”. Así recuerda Sandra su situación antes del 2008, antes del estallido de la crisis. Sin embargo, poco tiempo pasó para que la burbuja inmobiliaria acabase reventando dentro de sus propias vidas. “Vivíamos de alquiler pagando unos 400 euros al mes y el director del banco nos animó a pedir un crédito. Nos dijo que por esa cantidad en 30 años podríamos tener un piso de nuestra propiedad”. Y ahí comenzó todo. Al nefasto panorama laboral se  sumaron  problemas familiares, un divorcio que propició el impago de las mensualidades acordadas. “Un día me llamó el banco cuando mi marido ya no estaba avisándome de que debíamos dinero. Iba todas las semanas hasta el banco suplicándoles una ayuda, una paralización temporal, pero la respuesta siempre fue “no”.  Sin ingresos, sin trabajo y con  crisis depresivas afirma haber vivido una pesadilla. “Pasar por una situación así no se lo recomiendo a nadie. Lo peor de todo es que esta situación  es la que atraviesan muchas mujeres. Y, ¿cómo se sale de ahí? No hay ninguna ley que proteja a la mujer en estos casos”.  Está convencida que algo tiene que cambiar, “las cosas no están bien hechas, y yo no tengo problema en contárselo a los demás”. Prefiere no escuchar lo que cuentan los medios; ya no confía en la Sentencia aprobada por el Tribunal Europeo que declara nuestra ley Hipotecaria abusiva, “sólo me creeré que esto está arreglado cuando el banco me lo diga, cuando llegue la carta”.

De esta situación dice haber aprendido dos cosas: “primero, que siempre hay una letra pequeña que leer, y segundo, que en la vida es necesario saber un poco de todo”.  Y es que, a sus 55 años, reconoce que “a veces la vida es demasiado complicada”. Ahora su gran apoyo es su hija  de 12 años convencida de que “su historia es una película de Disney, en la que pasan muchas cosas malas para que el final pueda ser feliz”.

Sus palabras son firmes y llenas de fuerza, pero su mirada cabizbaja y sus ojos húmedos revelan esa incertidumbre de si mañana seguirán bajo el mismo techo.

T2A

Posted on 22 Marzo, 2013, in Documentos and tagged , , , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. Ó ler o voso post, o primeiro que pensei foi o inmensamente interesante que tivo que ser esta entrevista e todos os sentimentos que se vos puideron pasar pola mente ó falar con Sandra. Sen dúbida é unha historia moi triste, pero por desgraza hay moitísimas máis mulleres na súa mesma situación.
    Cando reproducides o que ela di sobre que non existe ningunha lei que protexa a situación destas mulleres doume de conta de que nunca me reparara neso. Un sempre pensa na protección da muller en canto a maltrato físico, pero non en canto a este tipo de malas conductas por parte das parexas ou ex parexas.
    Sería interesante que nos poiderades contar como avanza o caso de esta muller, que sen dúbida, debería de ser un exemplo para moitos. Espero que se volvedes a escribir sobre ela, sexa por algo positivo.
    Saúdos.

  2. Creo que este tipo de entrevistas se deberían evitar. No es una crítica a vuestro trabajo, obviamente, sino algo que reflexiono desde hace un par de meses.
    Aquí no hay preguntas superficiales, esta mujer no es política haciendo campaña de su partido. Es una mujer a la que quizás en poco tiempo echen de su casa. Y nosotros, como periodistas, tenemos que comunicárselo al mundo real. Pero, ¿cómo evitar sentirnos indignados con ella? ¿cómo evitar plasmar en la entrevista que nos parece inaudito que los mismos bancos que pagan indemnizaciones millonarias a sus altos cargos vayan a echarla de su casa? No quiero decir con esto que todos nosotros pensemos de antemano que es algo injusto, sino que al escuchar a una persona que sufre un drama como este, hay un click inevitable en nuestra cabeza.
    Sinceramente, en un caso como este no sabría cómo hacer mi trabajo y mantenerme al margen.
    Cid González, Xiana
    T2C, S1G

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