INVIDENTES: UN EJEMPLO DE SUPERACIÓN

Emma Mayo se quedó ciega cuando cursaba segundo de medicina. Abandonó la carrera y tiempo después se matriculó en psicología. Se licenció en 2005. Envió varios currículum, pero debido a la ausencia de respuestas, decidió hacer el doctorado, que finalizó en 2010. Desde hace año y medio tiene su propio gabinete de psicología y trabaja como profesor ayudante doctor de la Universidad Internacional de La Rioja.

A continuación, algunas de sus experiencias, recogidas de la entrevista que mantuvimos con ella.

“Los primeros meses fueron complicados, mis compañeros no hablaban conmigo, sólo la chica que se sentaba a mi lado. Luego, cuando empezamos con prácticas, al tener que ir organizando grupos, la cosa fue cambiando y con el paso del tiempo nos reímos, porque mis compañeros pensaban que la chica que se sentaba a mi lado era una persona de la ONCE que venía a cogerme los apuntes”

“Con los profesores hubo de todo. Muy buenas experiencias y facilidades y también hubo problemas en otros casos, pero en general la experiencia fue buena”

“Las diferencias en el formato de la evaluación: mis compañeros hacían exámenes tipo test y yo de redactar. Para estudiar fue todo a través de síntesis de voz (audio)”

emmmi

 “No sé si hacen falta más organismos, pero sí más concienciación y más conocimiento, más visibilidad y más NORMALIDAD”

“Mis compañeros venían desde Monte da Condesa a recogerme al Colegio Mayor Fonseca para que yo no subiese sola a la Facultad y eso no hay como pagarlo (no porque yo no fuese capaz, sino por el simple hecho de ir hablando y acompañada)”

“La palabra discriminación me parece muy fuerte, pero sí se echan de menos muchas cosas, como no tener un ordenador adaptado para poder hacer las prácticas de laboratorio, la ausencia de medios para poder acceder a los fondos documentales…”

S3G

Brea Ledo, Paloma; Tomé Piñeiro, Abel; Velasco Taboada, Lucía

Posted on 5 Abril, 2013, in Documentos and tagged , , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. Sin duda una historia de superación personal, además teniendo en cuenta la falta de facilidades que existen para los invidentes. Por ejemplo y como ella ha destacado la ausencia de medios para poder acceder a la información. Por no hablar del hecho de que muchas de estas adaptaciones que se llevan a cabo no tienen mucho sentido. No sería la
    primera vez que hay aseos adaptados a personas en silla de ruedas, a los que se accede por escaleras… O extintores que los quitan del suelo y los ponen en la pared para que el ciego no choque con ellos, cuando van a chocar igual y sin poder detectarlos con el bastón. También existen multitud de letreros transcritos al braille poco funcionales de “prohibido fumar”, o de “salida de emergencia”, que el ciego no podrá detectar.

  2. Resulta curioso e intolerable que, a día de hoy, cuando en teoría la sociedad ha progresado y nosotros mismos somos más cívicos y menos “cavernícolas” (por decirlo de alguna forma) sigan existiendo historias como las de esta chica, que se sintió diferente y menos aceptada solo por el hecho de no poder ver. Esto nos puede hacer preguntarnos si es cierto eso del progreso, o si en realidad seguimos estancados en una mentalidad cerrada y hermética a lo que es “normal”.
    Como bien ha dicho la entrevistada, se necesita urgentemente más normalidad, pero no solo en el caso de los invidentes, sino también con cualquier persona que padezca una minusvalía física o mental. Todos vemos a diario personas en silla de ruedas y a menudo no podemos evitar sentir lástima o pena por ellos: “Oh, pobre, ¿qué le habrá pasado?”. De lo que no nos damos cuenta es de que deberían sentir pena ellos de nosotros por estar tan atrasados mentalmente. Si en vez de sentir lástima o compasión los mirásemos igual que miramos a cualquier persona que no presenta ninguna minusvalía, el proceso de normalización tomaría impulso y poco a poco, no tendríamos que hablar de discriminación positiva, integración y demás chorradas que vienen impuestas por un hermetismo mental grave. Como dicen por ahí, muchas veces tendríamos que ponernos en los zapatos de otro para ver si a nosotros nos gustaría que nos mirasen con pena o compasión solo por ser invidente o paralítico.

    Boo Lamas, Zaira T2C S1E

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