Incertidumbre y expectativa de los esmeralderos por muerte de Víctor Carranza

La muerte de Víctor Carranza, el llamado zar de las esmeraldas, ha generado una sensación de incertidumbre en la comunidad esmeraldera del centro de Bogotá. En un negocio multimillonario que maneja una informalidad muy grande y que emplea a miles de familias en Boyacá y Cundinamarca, la desaparición del mayor comerciante de gemas crea un vacío que, para los distribuidores locales, puede servir para mejorar las condiciones de su negocio.

Víctor Carranza. Fotografía tomada de la página web Yalosabes.com

Víctor Carranza. Fotografía tomada de la página web Yalosabes.com

Cuando tenía tan solo 8 años, Carranza dejó su pueblo Guateque con la intención de encontrar, en los ríos aledaños a las minas, esmeraldas muy pequeñas que pudiera comercializar. A sus 11 años, se empleó en una mina en Chivor y en 1947 se trasladó para Gachala, Cundinamarca, pues allí se había descubierto una mina.

Los años fueron pasando y el trabajo de Carranza empezó a dar sus frutos, se le empezó a reconocer en el país por su fama de hombre adinerado, pero al mismo tiempo se empieza a rumorar que, a pesar de su aspecto “bonachón”, era una persona tacaña. De esta manera, empieza la disputa en Boyacá por el control del negocio de las esmeraldas que duró más o menos 25 años, esta guerra fue denominada “La Guerra Verde”.

Para enfrentar esta guerra, de la cual salió victorioso, Carranza tomó la decisión de alzar en armas a hombres que trabajaban para su seguridad. Estos conformaron los primeros ejércitos privados que existieron en el país, por ellos, se le asocia a Carranza con la creación del paramilitarismo. Al respecto, Miguel Angel Caro, comerciante de esmeraldas en el centro de Bogotá, afirma que las acciones de Carranza se justifican porque, según él, actuó en defensa propia contra aquellos que querían despojarlo del negocio en el que había trabajado tantos años.

Agrega Caro que el Zar de las esmeraldas tenía una personalidad guerrera que no le permitía pensar en otra salida que no fuera la violencia, pero que ahora, gracias al proceso de pacificación realizado en Boyacá durante los años novena la violencia no es un problema de este negocio. Finalmente, este comerciante afirma que Carranza “intentó defenderse de las agresiones de sus rivales. Cometió muchos errores pero consiguió controlar el negocio, así no haya sido lo mejor para los que quedamos en Bogotá”.

Emerald Trade Center ubicado en el centro de Bogotá. Fotografía por: María Reyes.

Emerald Trade Center ubicado en el centro de Bogotá. Fotografía por: María Reyes.

“La verdad es que Carranza estaba frenando el negocio para los que vivimos en Bogotá”, dice otro distribuidor de esmeraldas y joyas. “Él pretendía monopolizar todo el comercio y vender únicamente al exterior: cualquier piedra que llegara acá, él decía que se la habían robado.” Esta visión es compartida por la gran mayoría de comerciantes de gemas, quienes prefirieron no divulgar sus nombres,  en la Avenida Jiménez, lugar donde se venden las esmeraldas que Carranza consideraba como robadas.

Esta parte del negocio se desarrolla en completa informalidad. Piedras preciosas que valen millones de pesos son vendidas en la calle, como si fueran cigarrillos o dulces. Los guaqueros que vienen de las minas de Chivor, Muzo, Coscuez y Gachalá llegan a este punto con el producido de su exploración, y lo venden a intermediarios que, a su vez, las ofrecen al mercado nacional o a distribuidores independientes. Gran parte de la crítica de los comerciantes locales a Carranza es que, al concentrarse en el mercado exterior, se ignora el mercado local, por esta razón se hacen escasas y caras. Incluso, esto fomenta la informalidad.

Así mismo, Carranza buscó formalizar el negocio bajo su control, intentando modificar los puntos de tratamiento, talla y distribución de esmeraldas, concentrados en el centro histórico de Bogotá. Para tal fin, obtuvo colaboración del gobierno, ya que desde 1992 Juan Manuel Santos, en ese entonces ministro de Comercio Exterior, proponía la construcción de una zona franca exclusiva para el manejo de las piedras preciosas. Hoy en día la Zona Franca de Fontibón tiene grandes laboratorios de tratamiento de esmeraldas para exportación, los cuales eran controlados por Carranza y sus socios.

El gobierno de Santos intenta formalizar la minería en general, con medidas como el decreto 2637 de 2012. Este decreto propone crear un registro único de comerciantes de minerales, con el cual se intenta controlar, entre otras cosas, la minería ilegal de oro y esmeraldas. “Controlar esto así es imposible”, asegura otro comerciante de gemas. “Intentar igualar el negocio de las esmeraldas con el del carbón o el hierro es un despropósito. Acá se busca que uno venda piedras únicamente de minas legalizadas, pero sólo hay tres o cuatro minas legales de esmeraldas, todas de Carranza, y no venden al mercado local. ¿Cómo hago para legalizar las esmeraldas que tengo, entonces?”

Esmeralda. Fotografía por: María Reyes.

Esmeralda. Fotografía por: María Reyes.

Al preguntarle a los esmeralderos si creían que a raíz de la muerte de Carranza empezaría otra guerra por el poder del negocio, ninguno consideró factible esta opción. Afirman ellos que “Si los socios intentan matarse por el control del negocio, habrá problemas, pero no les conviene combatir de nuevo”. Otro comerciante es más explícito. “La verdad uno está ya cansado de la violencia, y lo que quiere es trabajar en paz. No creo que haya que volver a los tiempos de la guerra verde en que nos tocaba a todos andar armados. Ahora sólo queremos explotar las piedras y seguir en el negocio, tranquilos”, afirma.

Julián García.
María Reyes.
Juan Manuel Vázquez.
Susana Angulo.

Universidad del Rosario, Bogotá, Colombia.

Posted on 12 Abril, 2013, in Documentos and tagged . Bookmark the permalink. Deixar un comentario.

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