La experiencia Erasmus

Ha pasado más o menos un año desde que supe que mi destino para el próximo curso 2012/2013 sería Praga. Al igual que algunos de mis compañeros de clase, escribí un post individual para el blog “Común e Persoal” sobre qué esperaba de esta aventura que es el Erasmus.

Un año después puedo decir que las expectativas que tenía acerca del Erasmus no defraudaron. A finales de septiembre tocó despedirse de familia y amigos, con pena pero también con muchas ganas de empezar el nuevo curso en Praga.

En el mismo vuelo que iba conocí a gente que, al igual que yo, eran futuros estudiantes Erasmus y, casualidades de la vida, se iban a quedar en la misma residencia a la que iba yo.

Los primeros días resultaron bastante agobiantes, mucho papeleo que hacer sumado al hecho de que estás en una ciudad nueva y mi sentido de la orientación es prácticamente nulo. Y también estaba y sigue estando el “hándicap” que supone no saber checo, a pesar de haber intentado aprenderlo. Pero todo este estrés y sensación de estar perdido se lleva bien si estás en buena compañía.

Acostumbrada a vivir en Santiago en una residencia con habitación individual y baño incluido resulta chocante, aunque una se mentalice previamente, compartir habitación con alguien desconocido y compartir cuarto de baño y cocina con todo el pasillo. Pero uno se adapta enseguida a todo. Tuve muchísima suerte con la compañera de habitación que me tocó, una chica de Madrid con la que desde el primer día congenié bien y con la que la convivencia en el espacio más reducido del mundo es divertida.

El hecho de haberme ido a una residencia me permitió conocer a mucha más gente. Nunca entenderé cómo, pero en los primeros días conocí a todos los españoles que viven en Vètrnik, mi residencia. Poco a poco nos fuimos juntando y fuimos haciendo un grupo. Nunca pensé que conocería a tantos gallegos como he conocido aquí.

Una de las cosas que más me ha sorprendido de mi estancia aquí es deshacer el mito de que todos los checos son fríos y bordes. Lo cierto es que los camareros checos que te sirven una cerveza en los bares subterráneos de Praga no tienen nada que ver con los camareros españoles que te sirven una caña con tapas en cualquiera terraza. No siguen el “el cliente siempre lleva la razón” y es algo a lo que sí me costó y cuesta adaptarme. Pero me ha encantado conocer a gente checa y llegar a conocer más de cerca su cultura, y descubrir que tienen su propio sentido del humor.

En el Erasmus, o por lo menos en mi experiencia Erasmus, he aprendido a convivir con gente de todas partes del mundo, pues en mi pasillo han estado viviendo turcos, franceses, lituanos, checos, rusos, griegos, búlgaros, etc. Conoces a gente con la que forjas una gran amistad y quién sabe, ¡igual dura para toda la vida!, y lo mejor de todo: VIAJAR.  Praga está muy bien situada para poder viajar por todos sus alrededores y a muy buen precio. Si te apetece ir a Alemania el fin de semana, vas con un grupo y el precio son 6 euros en tren, ida y vuelta. Y pensar que 20 euros me cuesta ir y volver a casa el fin de semana en Santiago… dan ganas de quedarse aquí para siempre, a pesar de que la morriña por los de casa y los amigos siempre está ahí.

Cristina Knight Asorey. Estudante de 3º curso de Xornalismo.

Posted on 18 Abril, 2013, in Documentos. Bookmark the permalink. 1 comentario.

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