Down Compostela: No todo es lo que parece

Tras estos meses colaborando con la fundación Down Compostela, hemos aprendido mucho. Quizá no fue lo que en un primer momento esperábamos, pero hemos aprendido, al fin y al cabo.

Hemos aprendido que no todo es lo que parece.

1º.- Que los chicos con síndrome de Down tienen una fuerza de voluntad admirable y mucha iniciativa. La ilusión y la esperanza les ayudan a llevar a cabo todo lo que se proponen, no sin obstáculos e impedimentos, tanto de carácter social como personal, y aunque no siempre logren alcanzar sus metas, la experiencia les ayuda a aprender y a mejorar día a día.

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2º.- Que no todas las fundaciones de este carácter buscan lo mejor para paliar su causa. Que a veces lo que prima en ellas es el interés propio. Nos hemos dado cuenta de que una pretensión real de que la sociedad conozca lo que representan sería lo ideal, y no crear una imagen propia tan distorsionada. Podrían realizar actividades en las que los chicos con esta discapacidad intelectual interactuen con personas diferentes, personas que no pertenezcan a su círculo (ni familiares, ni compañeros ni profesores de la Fundación), intentando así una integración social que echamos en falta durante todo el proyecto.

Hemos conocido chicos realmente increíbles, ejemplos de una gran superación. Hemos conocido la causa desde lo más cerca que nos han permitido. Hemos aprendido de ellos y con ellos, a tratar esta clase de temas de forma correcta a la hora de escribir. Así que también logramos una visión de una Fundación que crea un círculo exclusivo de relación dentro del que moverse y desenvolverse.
Está claro que no nos hemos quedado con el aprendizaje que preveíamos, pero el trabajo sí nos ha servido para aprender mucho.

T1B

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Posted on 26 Abril, 2013, in Documentos and tagged , . Bookmark the permalink. 1 comentario.

  1. Costoya Rodríguez, Adriana

    Sigo a pensar que vivimos nun país no que as ciencias socias están sumamente desprestixiadas. Ás veces escoitamos que o labor dos profesores está subestimada, pero, na miña consideración, hai outro colectivo que todavía está máis infravalorado: os educadores sociais. Con este termo refírome a todas aquelas persoas que tratan de integrar na sociedade a quen se atopa marxinado, así como de educar ao resto da cidadanía para que non exista esta problemática. Falamos pois das persoas que traballan con: drogodependentes, anciáns, indixentes ou discapacitados. Día tras día, logran facerlle a vida un tanto máis doada a estas persoas e as súas familias, regalando bos momentos. Paciencia, empatía, compromiso, perseverancias son facultades das que gozan estos profesionais, que seguen a traballar na sombra.

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