La no-retórica de la prostitución

El pasado martes, como recordaréis, tuvimos una charla sobre la prostitución. Os confieso que, personalmente, estuve toda la hora mordiéndome la lengua para no intervenir, y al final lo logré, por fortuna para mi salud mental y mi corazón. Aún así, he decidido exponer mi punto de vista en un post, tranquilamente, desde mi casa, y sin necesidad de gritarme con nadie. Así que vayamos por partes, como Jack:

El principal problema, dicen, es la consideración de la mujer como un objeto. Bien. ¿Cómo va a desestigmatizarse la sexualidad femenina si, a pesar de clamar a los cuatro vientos que intentamos normalizarla, colgamos etiquetas peyorativas a la prostitución? Quizá, humildemente, sería mejor dejar de inmiscuirse en la vida que los demás quieren llevar, respetando que no se adecúe a nuestro modelo de perfección.

¿Acaso no es el cuerpo, de entre nuestras propiedades, la más innegable y esencial? Quizá alguien no crea en la propiedad. De acuerdo. ¡Pero yo sí! ¡Y no reclamo para mí nada más allá de lo mío! No pretendo asolar vuestros campos ni robar vuestro ganado, no os quito nada utilizando mi propio organismo. ¿Os molesta? Cuántas cosas que los demás hacen con su vida me parecen deleznables a mí, y respeto su legitimidad para llevarlas a cabo.

Por otro lado, esa estigmatización de la que hablan está, a mi parecer, muy sacada de quicio. Si os acordáis, nos proyectaron unas imágenes de campañas publicitarias en las que se empleaba el cuerpo femenino como reclamo para productos que a priori no tenían nada que ver con ello. Y yo digo: ¿Y QUÉ? ¿Qué importa? ¿Acaso la publicidad no es arte? ¿No somos libres para emplear reclamos llamativos, sean los que sean? ¿Qué importa si el reclamo es sexual, mientras funcione económicamente? ¿Sirve cualquier cosa, excepto si alude al cuerpo femenino y puede ofender a unas cuantas mujeres que no se sienten identificadas con ese comportamiento? ¿Y? ¿De veras es tan grave para la sensibilidad de la población que una mujer aparezca en bikini, desnuda, o en una actitud sexual sólo porque no todas las mujeres harían eso? ¿Somos todos iguales, acaso? ¿Es que por el rechazo que generan ciertos estándares femeninos, con la excusa de abolirlos por no ser representativos, tenemos que sustituirlos exactamente de la misma manera por otros que sí les parezcan bien a un grupo de ofendidos? Ojalá pudiera decir que todo esto es retórico, pero de verdad me gustaría tener una respuesta de todas estas personas.

El argumento que emplean es el consabido «El feminismo no es el homólogo del machismo». Es obvio que no lo es. La falacia aquí reside en que esa contestación NO es la respuesta a las quejas que se plantean. Es algo así como ganar la discusión por ser el primero que diga «¡No me levantes la voz!», o que llame fascista al otro. Que el feminismo no es el equivalente femenino del machismo lo sabe cualquiera con dos dedos de frente. El feminismo, en todo caso, ha pasado a ser con el tiempo la facción ideológica de la susceptibilidad y el grito en el cielo por excelencia, que pretende, además, representar incluso a aquellos que no queremos que nos represente, diciéndonos qué es ofensivo para nosotros, incluso cuando a nosotros mismos no nos ofende. Conduce, con la excusa de una emancipación de género, colectiva, a la subordinación individual a la que lleva cualquier movimiento categórico. Si creéis que estoy equivocada, dejadme estar equivocada, tengo derecho a estarlo, no quiero que me salvéis, almas cándidas.

Ni la postura abolicionista ni la legalizadora son, a mi juicio, adecuadas. Mientras que, por su parte, el abolicionismo tilda de víctima a la mujer y castiga a aquellos que «colaboren» con la prostitución ―no sé qué hay más humillante que inspirar compasión por una práctica que se desempeña por decisión personal―, la legalización es una posición aparentemente liberal que, en realidad, no hace más que abrir vía libre para que el Estado meta sus pezuñas en una actividad económica. Nada  nuevo bajo el sol, claro.

Es innegable que existen las mafias y la prostitución forzada, pero eso no lo diferencia de las otras profesiones. Se trata de un acuerdo libre entre adultos. Por desgracia, las excepciones y las emergencias son siempre la excusa para regular y controlar el desarrollo normal de todas las actividades.

No entiendo qué problema hay. Es mercado. Es economía. Que sea más o menos moral depende del que juzga, pero éste no debería entrometerse en el intercambio. Al fin y al cabo, los principios morales son individuales y subjetivos.

Gracias por intentarlo.

Garea Albarrán, Martina S2D T4B

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Posted on 3 Maio, 2013, in Posts individuais and tagged . Bookmark the permalink. 3 Comentarios.

  1. Martina creo que, en esta ocasión, no tienes todos los factores en cuenta. La realidad es otra. Es fácil hablar de libertad, de que cada uno haga lo que quiera con su cuerpo… el problema viene cuando las personas son tratadas con mercancía (y no por voluntad propia). Un buen número de prostitutas (digo un buen número porque no hay datos fiables sobre ello) no son libres, son esclavas de sus chulos, no son tratadas como lo que son, personas, y es lo que tanto se criticó en la charla.
    El discurso de la libertad es muy bonito, pero la realidad es otra: la gente no es libre y no puede hacer lo que quiere con su cuerpo.
    Por otro lado, estoy de acuerdo contigo en que, en ocasiones, el feminismo es demasiado sensible, que buscando la discriminación positiva lo que consigue es el efecto contrario: promover la desigualdad.

    • Entiendo perfectamente lo que dices y, del mismo modo que defiendo la libertad plena en lo personal, condeno absolutamente el control forzoso sobre la libertad ajena. El problema es, para mí, que por la existencia de esos casos, se penalice completamente una actividad que per se no es en absoluto negativa.

      Lo que quiero decir es que no porque existan casos (incluso siendo la mayoría) en los que sea forzado, se deba condenar la prostitución, y hasta prohibir sus anuncios, tachando a todas las prostitutas de víctimas o de criminales inmorales. Lo que tú dices, la realidad de la explotación, es obvia.

  2. Sí, parece que estoy obviando lo de la explotación, pero simplemente estoy centrándome en los casos en los que es libre. La explotación es absolutamente condenable, legal y moralmente, para mí.

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