La ciencia de tomar decisiones colectivas

Son muchos los retos que se pueden proponer a los profesionales de la información. El control de la opinión pública tiende a ser el más recurrente. La cumbre de dicha misión es, sin duda alguna, tomar las decisiones de unas elecciones. Misión que le corresponde a todo un país. El lunes 5 de septiembre de 1988, se pide este deseo a los creativos de una empresa de publicidad chilena. Como si de una lámpara mágica se tratara, este equipo diseña lo que pasaría a ser reconocido como los 15 minutos del NO.

americatv.com

Pablo Larraín nos ofrece una innovadora narración de lo que ya es la historia de Chile. Contemplamos un país consumido por la pobreza, con unos ciudadanos que ya no se conforman con las mejoras económicas del gobierno de Pinochet y que añoran la sensación de libertad y seguridad que le ha robado la dictadura. Es esa sensación la que tratarán de retomar los creativos del NO, que por elección del director es representado por un único actor en lugar de dos como ocurre en la historia original. Este efecto, junto con el factor dramático que aporta la historia de la familia del protagonista, dota de dinamismo al film mientras se refleja la sociedad del momento.

Además de trasladarnos a un Chile de finales de los años 80, la película tira de documentos históricos para mostrarnos los 15 minutos que cambiarán los porcentajes de las votaciones. Ese 5 de septiembre la balanza se inclinaba claramente hacia el SÍ, pero la música, la narración, la conexión con los verdaderos receptores del mensaje, consiguieron cambiar el destino de un país. Nos hace ser más consciente de las responsabilidades y deberes que, como comunicadores, tenemos con nuestros ciudadanos. Y a su vez a cuestionarnos: ¿y si las decisiones que tomamos por ellos y consideramos correctas, no son las más justas y convenientes? Puede que el fin de una dictadura sea, y de hecho se ha convertido, en una de las grandes hazañas del periodismo. Sin embargo, en nuestro propio país contemplamos como la información emitida no siempre se ajusta a los intereses de los ciudadanos. Nos muestra la realidad de manera parcial y sometida a los intereses de los altos mandos.

La opinión se fragmenta entre aquellos que ven como algo positivo esta influencia de los medios, y los que por el contrario, prefieren tomar sus propias decisiones. Hablaba al principio del periodismo con un instrumento que permitía ver las cosas desde el prisma que uno prefiere. Lamentablemente, esa técnica no se utiliza siempre para buenos fines, y nunca, nadie, en ningún lugar sabe cuáles son los buenos fines. La función del comunicador es de gran importancia. Ni duda cabe de que es necesario un mediador entre los hechos y los espectadores. Pero han de ser estos quienes en última instancia reciban los datos, lo menos manipulados posible, para establecer sus propias conclusiones. Es el puente entre opinión e interpretación. La idea que esta película deja es la de un periodista que ha de tomar las decisiones que convengan a un pueblo determinado. Chile necesitaba de esa postura en ese momento, pero no creo que sea la función principal de un periodista.

El periodismo es un gran arma, siempre y cuando sepamos a dónde apuntar.

NURIA GARCÍA GUILLÍN BCP. 102

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Posted on 13 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes and tagged , . Bookmark the permalink. 4 Comentarios.

  1. Al pecho, Sra. G. Guillín, al pecho hay que apuntar. Es decir, no sólo al corazón sino a las razones que conmueven a vivir. En un momento determinado, en la toma de decisiones, el periodista (lo dice la tradición histórica del periodismo) se equivoca. No se equivoca, se calla, que es peor. Y se alinea con el que le asegura el plato de lentejas. Somos hijos de Esaú, por no decir que somos hijos de otra cosa. Lo dice Kapuscinski (ver su trabajo sobre el Otro), que era más católico que su paisano Wojtila, que esta no es una profesión para cínicos. Aunque el viejo reportero polaco también se equivocaba. La dictadura chilena, Sra. G. Guillín, es una siembra de genocidios y desapariciones. Ninguna neutralidad ante ello es posible, para guarecerse en unos principios que nunca serán neutrales y que dicen ser periodísticos. Y, seguramente, en esta situación, yo también estaré equivocado, ¿o no?.

  2. Para nada. Hay situaciones en las que no es posible poner en duda que el periodista tiene que pronunciarse, hacer lo posible para cambiar lo que está ocurriendo. Como digo en el texto, una dictadura, sea cual sea su estado, es un motivo más que justificado. La película muestra, sin duda, una de las facetas más bonitas de nuestra profesión.
    A lo que me refiero es a que esa herramienta puede ser utilizada por el periodista, una vez sabe que la tiene, para su propio beneficio. Y eso ocurre en la actualidad española con mucha frecuencia. Comunicar más que persuadir.

    García Guillín, Nuria BCP 102

  3. Si yo pudiera hacer eso…. ¡Y tantos otros! De todos modos, creo q lo q dice, en parte, es cierto (vaya, yo de acuerdo con Núria…). Es posible que haya casos más o menos justificados, pero es como la guerra de irak, afganistan, o todas las operaciones que realizó la CIA para quitar unos gobiernos y poner otros. Recordemos que Bin Laden fue entrenado por esta misma agencia. Con esto quiero decir que quizás sacar a uno de ese lugar sea bueno, pero nunca sabes el alcance real de tus actos. Quizás quitar a uno malo trae uno peor. Es lo del aleteo de la mariposa…

    Portela Rodríguez, Pablo

  4. No podemos saber quién será el bueno, pero el bueno no es por imperativo categórico el periodista. Por desgracia hay quien así lo piensa. Es Nuria sin tilde, pero gracias por tu aportación.

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