“El periodismo, como la prostitución, se aprende en la calle. La universidad ya acabo con los periodistas”

Tinta Roja es una película peruana que cuenta los comienzos de Alfonso Fernández como periodista. Al principio, era un joven entusiasta, recién salido de la facultad, que soñaba con viajar a Barcelona o París para trabajar en las grandes editoriales pero, al empezar  las prácticas en el periódico sensacionalista El Clamor en  la sección de policiales, y conocer a su jefe, el señor Faúndez, un hombre lleno de vicios, se vuelve como él y olvida eso que aprendemos en la facultad de no aceptar retribuciones a cambio de silencio, ser fieles a la verdad o intentar ser objetivos.

Sin título

Para comenzar, me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre lo que le dice el jefe, el primer día de trabajo, al chico “El periodismo, como la prostitución, se aprende en la calle. La universidad ya acabó con los periodistas”. Yo estoy totalmente en contra de la segunda parte de esa frase. Pienso que la universidad, es un buen sitio para que, todo periodista, aprenda las bases de lo que espera que el día de mañana sea su trabajo y, lo más importante, a forjarse como persona. Si no fuese así ¿Qué estamos haciendo? ¿Para qué invertir cuatro años estudiando? Pero, al mismo tiempo, sí es cierto que un buen periodista se forja en las experiencias vividas, a base de contar historias, de redactar noticias…

Hubo varias cosas en la película que me llamaron la atención. En primer lugar, la vida tan llena de vicios del señor Faúndez. Tiene una mujer con la que está por pena, un hijo con deficiencia mental, una amante periodista y, cada vez que cubre la noticia de un marido asesinado, consigue ligarse a la viuda, además, fuma, bebe, se droga y se inventa elementos de la noticia para que la historia sea más morbosa. Al principio, el periodista principiante no compartía esta actitud, pero, a lo largo de la película, se ve como su compromiso ético desaparece y va copiando, cada vez más, a su jefe hasta convertirse en casi iguales.

También me llamó la atención el fotógrafo. Cada vez que iban a un lugar, hacía recordar a los familiares de las víctimas la vida de los fallecidos hasta que los hacía llorar y empezaba a sacarles fotos cuando estaban hundidos. Ni el jefe ni el becario le dijeron nada hasta que, un día, mataron al hijo con discapacidad del jefe y él entró en cólera contra todos los periodistas y fotógrafos que se encontraban a su alrededor. También el padre de Alfonso Fernández se vio implicado en una trama con muchos muertos detrás y el periódico El Clamor  decidió no publicar la información. Fernández, después de esto, decidió poner fin como redactor de este medio ya que él, quería publicarlo.

Aunque esta película es ficción, nos refleja situaciones que vivimos en la actualidad. La prensa amarilla todos sabemos que vende pero no refleja la esencia de lo que para mí significa el periodismo. Os dejo un enlace de casos de prensa amarilla bastante recientes de medios de tirada nacional conocidos por todos. No olvidemos que hay malas y buenas prácticas en los medios que se ven en el enlace (aunque vaya a enseñar las malas) y eso es por el compromiso que tiene cada periodista con la sociedad a la que sirve.

http://llegalaultima.wordpress.com/2012/08/28/periodismo-espanol-y-sensacionalismo/

Búa del Río, Silvia BCP.101

Posted on 14 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes and tagged , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. “Olvídense de todas las huevas que les han enseñado en la universidad”.
    Me gustó mucho la película, aunque no he podido evitar cierta angustia: ¿en serio tendremos que renunciar a cualquier tipo de sensibilidad o decencia para poder ascender en esta profesión? ¿Es esto un cliché, o el reflejo de lo que le ocurre a mayoría?
    En cuanto a personajes, no me pareció tan terrible Alfonso, o incluso Saúl, como el fotógrafo (¡qué sorpresa encontrarme con Fele Martínez!). Supongo (y espero) que no existan muchos de esos fotógrafos, pero si que es cierto que las cámaras tienen que estar siempre ahí, dispuestas a sacar la mejor foto de la cara más compungida, aquella que “mueva” más al público, sin importar las circunstancias en las que se toma o lo que se hace para conseguirla.
    Todo el tema me hizo reflexionar, una vez más, sobre la ética periodística y no tardé en concluir que no quiero convertirme en un nuevo Varguitas. Si ser periodista significa terminar con cualquier respeto y vergüenza que pueda tener, si implica pisar la intimidad y la dignidad de las personas, entonces no quiero ser periodista. No podría.

    Melle Goyanes, María 142.A01

  2. Coincido contigo en que me gustó la película. Creo que no deberíamos renunciar a la decencia y a la verdad en esta profesión como hace Alfonsito. Además, no creo, o por lo menos, me niego a creer que sea un cliché este tipo de periodismo. Pienso que Tinta Roja es una película con morajela de principio a fin. Y además, me parece muy interesante la evolución del protagonista: Pasa de ser un joven ambicioso a una madurez mucho más escéptica. Además, creo que nos puede aportar una visión fiel de los entresijos del periodismo basura. Estoy contigo en que nadie quiere ser el próximo Varguitas.

    Búa del Río, Silvia BCP.101

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