El hombre de la fachada

Francia. Años 40. Un hombre que pasea por los pasajes de mármol de París, sin estar realmente en la calle, pero tampoco en el interior. Una figura con alma callejera y zapatos gastados, observando continuamente la multitud.
Es el flanêur, el hombre de la fachada.

flaneur

Junto  a él surgen las fisiologías, el llamado “género de la inocencia”, resultante del intento de ofrecer una imagen lo suficientemente alegre como para despejar el reciente predominio de la vista sobre el oído. Esta preponderancia tiene su origen en el avance de los transportes, que obligó a las personas a observarse mutuamente durante largos periodos de tiempo, y los envolvió en un misterio turbador, pues, como se cita en el texto, “Quien ve sin oír; está mucho más (…) inquieto que el que oye sin ver”  (Georg Simmel, Soziologie, Berlín, 1958, pág. 486)

Lo que este género intentaba era, básicamente, ocultar los fantasmas que provocaba una ciudad de desconocidos, aportando información sobre ellos, analizándolos y transformándolos- no verdaderamente, pero si superficialmente- en conocidos. En algo que se pudiese manejar y aportase una falsa sensación de tranquilidad.

De esta forma, nos encontramos con teorías como la de Baudelaire, en la que se aboga por un conocimiento de lo humano directamente proporcional al creciente desasosiego de la gran ciudad. En esta ansiedad ante lo inexplorado, hallaríamos, según este autor, al denominado “dupe”, el engañado, figura contraria al ya mencionado flanêur, el eterno observador.

De nuevo nos tropezamos, a mi parecer- como En busca de seguridad en un mundo hostil, de Z.Bauman- con la consternación de las personas frente a sus vecinos, con la inseguridad que a éstos les provoca no ser, realmente, una comunidad que se comunica, sino un conjunto de individuos, a cada cual más desconocido, que temen al resto y a su propia ignorancia sobre los habitantes de su entorno.

Es el misterio que rodea a las personas. Un misterio que, si bien resulta poco tranquilizador, también posee sus ventajas.

El individuo, como desconocido en la masa, goza de una cierta libertad. La multitud se convierte en un lugar en el que ocultarse, en un manto protector que aleja a cada persona de sí misma. Es, en definitiva, el seno de la tan conocida frase “podemos hacer lo que queramos, aquí no nos conocen”.

Quizá este doble enfoque de la sociedad indiferente en la que se sumerge el individuo-como trampa y como escondite- fue la que dio lugar a que el flanêur se transformase en detective al mismo tiempo que las fisiologías se tornaban en literatura detectivesca. En este nuevo género,  lo importante no eran los tipos, sino las funciones de la masa en la ciudad. Se explotaba de esta manera el peligro de lo desconocido en un género en el que la masa de los habitantes constituye la casa del criminal. Un reino en el que el misterio y la desazón que se presentaba cada mañana ante los individuos, ocupaba el trono.

En él, el flanêur continúa siendo el observador por excelencia. Si las fisiologías combatían los fantasmas de la ciudad, este género parece potenciarlos hasta llegar a vivir de ellos.

Surgen con Poe, y precisamente en él encontramos una incongruencia expresada con el contraste entre los intereses privados que nos aíslan y nuestra uniformidad como multitud. De nuevo podemos hacerle un guiño a Bauman: A todos nos preocupa y nos asusta lo mismo, pero nos encerramos en nosotros mismos como si lo afrontásemos solos.

Igual que se enfrenta el flanêur a sus enemigos. Con el paso del tiempo, su figura se ve atacada debido a “un tejido múltiple de registros” para compensar “la desaparición de los hombres en la gran ciudad”. Con la numeración de las casas y los procedimientos de identificación como la firma y la fotografía, no solo se dificulta el papel del flanêur como observador, sino que él mismo se convierte en el observado en una idea de masa como forma de control del individuo.

Personalmente, y ante tantas teorías, me encuentro divida. Creo, como señalaba ya en el texto de Z. Bauman, que una comunidad en la que existiese una comunicación real entre las personas sería un mundo mucho menos peligroso. Sin inseguridades y sin miedos. Sin embargo, también sería, en mi opinión, un mundo sin misterio, sin libertad. Un lugar en el que el conocimiento de los demás se vuelve en tu contra cuando tú también eres el conocido. Cuando ese conocimiento se transforma en un control social de las personas.

La necesidad de dominar y dirigir a la multitud es igual de inquietante que la ignorancia.

PARDO CREGO, ALICIA 142.A04

Posted on 15 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes and tagged , . Bookmark the permalink. 5 Comentarios.

  1. Sra Pardo. Lémbrese : é importante citar aquela documentación que, ao redor do texto, poida conseguir e, por tanto, enlazar. O profesor Gómez-Mompart, da Universitat de València, identifica á figura do flâneur de Benjamin co ideal dun xornalista futuro, en tanto que observador que pega a rúa. En canto ao tema das multitudes e a liberdade, é un imaxinario burgués, que ás veces non argumenta suficientemente os efectos do capitalismo e a industrialización na redimensión das cidades a fin do XIX e no XX. Por tanto de posicionar a libertade na multitude. Ao respecto do concepto de multitudes pode ver as últimas publicacións de Negri e Hardt.

    • ¿Realmente el flanêur podría ser un buen periodista? En la lectura de Benjamin, el flanêur se describe como un observador que trata de desentrañar la sociedad. Esa es una cualidad periodística, sin duda, pero ¿No es necesaria también la acción? No creo que esta figura pudiese llegar realmente al fondo de las cosas limitándose a la observación. Para encontrar la verdad, para ser periodista, es necesario preguntar, conversar, conocer. No solo moverte por los fantasmas del cambio, sino por la curiosidad y la pasión necesarias para intentar cambiar el mundo.

      PARDO CREGO, ALICIA 142.A04

  2. Eu só dixen o que apunta o profesor Gómez-Mompart. E dixen parte, certo é, il fala dos comunicólogos, é decir, daqueles atentos á comunicación. Cando eu edite o libro onde vai o seu capítulo, pensó que é cando me falou de que incluía aos xornalistas. Penso que un xornalista debe saber e atender ao que é vital para il: a comunicación, e non só á información. sen a primera, a segunda non ten aquel, substancia. Certamente un xornalista observador tan só podería ser cuarto e metade dun futuro xornalista, se o pomos nunha nuben idealizada coma se dun anxelote se tratara, Benjamin parte da idea baudelariana dunha mirada atenta, escrutadora, a diferencia da mirada complacida burguesa da cidade, que ignora os pormenores da observación, do contexto. E da multitude, pero das relacións da multitude, coa cidade. Quizabes a que mellor escribiu sobre o tema, a parte de Dickens, foi Flora Tristán, premarxista, protofeminista, avoa de Paul Gaugain, que relatou a crudeza do Londres da revolución industrial e do traballo de nenos e mulleres nesa primeira época esclava do capital (Paseos por Londres. La aristocracia y los proletarios ingleses). O que mira Benjamin son as ruinas da aglomeración urbana e aprende a como miralas.

  3. Estoy de acuerdo contigo en lo de que la multitud no siempre genera una comunidad ya que el individualismo está muy presente y solo se producen contactos, no comunicación. Por ejemplo, a la hora de hacer una compra o solicitar un servicio, contactamos pero no conectamos.
    Una cosa, que a mi parecer, inspiraba o hacía entrever el texto es la de que el flâneur podría ser un periodista principiante y un detective como el que aspiraba a ser Balzac.
    Delgado Méndez, Carla 141.A05

    • Sí, estoy de acuerdo. La verdad es que hasta leer los comentarios de mi entrada, no me di cuenta de que una parte importante de la figura del flanêur era su posible relación con el periodismo. Para mí era un simple paseante, dedicado a la observación de la multitud. No me planteé que, aplicado a la profesión, el flanêur podría ser la mirada escrutadora que debe poseer todo periodista.

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