Epílogo- Z.Bauman

“La inseguridad nos afecta a todos, inmersos como estamos en un mundo fluido e impredecible de desregularización, flexibilidad, competitividad e incertidumbre endémicas, pero cada uno de nosotros sufre ansiedad por sí solo, como un problema privado”.

Ese es, según Z. Bauman, el origen de la inseguridad humana. El egoísmo de mirar hacia otro lado y preocuparse de uno mismo como si muchos de nuestros problemas no fueran, en realidad, los problemas del mundo.

En nuestra día a día, nos vemos rodeados de competitividad, incertidumbre y cambios constantes. El instinto de supervivencia nos grita que debemos protegernos, que la autoconservación es lo principal y que tanto nuestro cuerpo como nuestro entorno (casa, posesiones y vecindario) deben quedar resguardados para librarnos por fin de la tormentosa sensación de inestabilidad que nos asedia.

Es entonces, dice Bauman, cuando empezamos a sospechar de los demás. Cuando empezamos a enfocarlos como el enemigo, sujetos que pueden hacer peligrar todo aquello que hasta ahora habíamos considerado seguro.

Sin embargo, al mismo tiempo y como siempre, encontrar al culpable- lo sea o no- nos proporciona un importante alivio. Tenemos algo contra lo que luchar, algo que enfrentar y sobre lo que exigir justicia y responsabilidades.

Pero si los demás son el enemigo, ¿En quién podemos confiar? El ser humano es un ser social, necesita a los otros, independientemente de que no quiera necesitarlos. Deseamos estar seguros, y lo único que nos proporciona esa seguridad es lo que conocemos. Los que conocemos.

Por eso creamos, a mi parecer, “falsas comunidades” dentro de una comunidad real integrada por individuos que se ignoran. Estos falsos grupos serían los vecindarios, los barrios; zonas habitadas con gente parecida a nosotros, y que, al mismo tiempo, nos permiten alejarnos de los que superficialmente son diferentes. De los que superficialmente son enemigos potenciales.

Irónicamente, el aumentar esta distancia con los supuestos causantes de nuestra inseguridad provoca que ésta se intensifique, que nos sintamos solos ante problemas que comparten nuestros vecinos, y que veamos los problemas de los otros como algo lejano. Nos alejamos porque la variedad nos asusta, porque tememos no ser capaces de reconocer los signos identificativos de las personas dañinas, y creemos- como dice el autor- que “La simplificación que se ofrece solo puede lograrse mediante la separación de las diferencias”.

Según Bauman, precisamente el no afrontar nuestra vida como algo que experimentamos todos, como un ente común que los seres humanos tememos y disfrutamos, y en lo que nos encontramos indiscutiblemente interrelacionados, nos lleva a combatirnos los unos a los otros, en lugar de combatir los verdaderos orígenes del problema: el individualismo.

individualismo

Es la pescadilla que se muerde la cola.

A mi parecer, la propuesta de Bauman de una “comunidad entretejida a partir del compartir y del cuidado mutuo (…) que atienda y se responsabilice de la igualdad del derecho a ser humanos y de la igualdad de posibilidades para ejercer ese derecho” es tan hermosa como utópica.

Que todos ahondemos en nuestras vidas y en las de los demás, como una comunidad abierta y comunicativa que luche por los derechos de todos, seguramente reduciría en gran medida los casos de violencia e injusticia mundiales. No obstante, opino que este modelo de sociedad no acabaría con la maldad o el egoísmo humano. Seguiríamos, seguramente, sufriendo robos, maltratos, asesinatos y atropellos a los derechos. Continuaríamos nuestro camino con miedo, porque está en la naturaleza humana pedir más de lo que necesita, ser agresivo, y despreocuparse de aquello que no le afecta.

Y puedo estar cayendo en el pesimismo, pero no dudo al decir que sería, no sé si imposible, pero sí terriblemente complicado, llegar a construir este tipo de comunidad. Llegar a ser, en definitiva, personas conscientes de que la clave de nuestra seguridad no radica tanto en nosotros, sino en los demás.

En conclusión, considero que, si bien Bauman tiene razón al señalar como una sociedad más feliz aquella en la que sus miembros se preocupan unos de los otros, creo que es una idea que difícilmente se podría llevar a la práctica. El autor señala, sabiamente, que si resolviésemos la inseguridad colectiva, resolveríamos la individual. Que nos enfrentamos a lo mismo.

Yo respondo que quizá no tuvo en cuenta la naturaleza del hombre:

Todos tenemos los mismos problemas, pero cada uno quiere salvarse a sí mismo.

PARDO CREGO, ALICIA 142.A04

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Posted on 15 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes and tagged , . Bookmark the permalink. 4 Comentarios.

  1. Interesante post. Hai outro pequeno libro de Bauman, sociólogo postmarxista, sobre o Outro, ben interesante respecto da seguridade e as expectativas da agresión. En realidade Bauman, que fora un intelectual marxista ben apreciado no campo, no seu último decenio foi construindo un legado provocador, inclusive para os que gababan as súas iniciais propostas, ó redor do concepto de “sociedade líquida”. Este é un concepto, ou un principio (xa que trátase de toda unha liña teórica), controvertido que tenta pechar as incertidumes epistemolóxicas da nosa época. No seu discurso actual destacaría o seu traballo en pro do concepto de Cultura. Non tanto a súa explicación da sociedade actual. Digamos que moitos dos conceptos que traballa son resultado dunha ansiedade liquidacionista co pasado, co seu pasado. O seu concepto de comunidade medra a partires da concepción cohesiva, inherente ás relacións humanas, por tanto aos medos coma principal motivación da formación de comunidades, o que, sendo en parte certo, non explica outros fundamentos igoalmente importantes sobre a comunidade: a causalidade(información) e a comunicación (comunidade) categorías kantianas da relación humana. Reduce, ademáis, o concepto da cohesión á unha variable pesimista da comunidade que ten a súa finalidade nesa reducción improbable (como vostede ben apunta) da sociedade do risco.

    • Las personas no sólo forman comunidades por miedo. Necesitan relacionarse y comunicarse. Confiar en alguien, en otras personas, es necesario para poder concebir el mundo como un lugar seguro.

      PARDO CREGO, ALICIA 142.A04

  2. Los prejuicios son ese miedo del que hablas a lo desconocido, a lo que suponemos a priori que es una amenaza. Se me viene a la mente un ejemplo de personas que son prejuzgadas en la sociedad actual: los gitanos. Independientemente de que nuestro rechazo sea justificado hacia algunas personas, metemos en el mismo saco a todos los que son de esta etnia. Se debe a que desconfiamos de aquello que se sale de lo aceptado en la sociedad. Por otra parte, mucha gente dirá que las personas de etnia gitana no muestran un interés por convivir en armonía en la sociedad. Yo creo que aquí vemos un claro ejemplo de incomunicación entre dos comunidades, una mayoritaria y otra minoritaria.

    PICALLO DOCE, IRENE BCP.306

    • Estoy de acuerdo. Precisamente es lo que señalaba en el post: El hecho de aumentar la distancia con respecto a los gitanos, fomenta esa incomunicación y, por consiguiente, la inseguridad. Porque no somos capaces de comprender. Supongo que en parte este problema está constituido por nuestra manía de centrarnos en lo que nos separa, en las diferencias, en lugar de concebirnos como el colectivo que somos: un conjunto, la humanidad.

      PARDO CREGO, ALICIA 142.A04

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