La moral del periodista

Decía Kapuściński que aquella persona que no priorizaba comunicar la verdad sin atender a manos malhechoras no servía para el periodismo. Él llegaba a tacharlos de cínicos, de no comprometidos. Es una profesión con una importante carga social, de eso no hay duda alguna. Sin embargo muchos de los que a ella acceden, carecen de cualquier compromiso con los demás. En la actualidad con el fenómeno internet, la crisis económica y la propiamente periodística (la crisis de la información), vemos que los hilos que sostienen el periodismo no siempre son la honestidad y el compromiso. Más bien el interés por ser el primero en contar algo, la importancia del segundo en el caso de las redes sociales, la complicidad con los poderes económicos y políticos….y como broche de oro: el amarillismo.

Muchos medios se han visto obligados a cerrar sus redacciones por no contar con los ingresos necesarios. Incluso aquellos que teníamos como referente de efectividad, como fue la situación vivida en El País en el año 2013. Un periodismo de calidad, desvinculado de cualquier poder interesado, ha de sobrevivir de la publicidad exclusivamente. Un periodista, por mucho que algunos así lo crean, no trabaja gratis. La crisis financiera del periodismo es el problema que a todo interesado en la profesión preocupa. Sin embargo, existe una crisis mucho más profunda: la crisis de valores, mucho más difícil de solucionar. De este modo, como le pasaba al protagonista de El gran carnaval, de nada importa la economía. El periodismo habrá muerto. No es esto ciencia ficción. No hace mucho, en 1985, sucedía en Colombia una situación mucho peor si cabe. Era la historia de una niña que quedaba atrapada en el barro, y los medios se apelotonaban a su alrededor para escuchar sus frases de ternura e impotencia. Podemos conocer la historia de Omaira Sánchez y ver que no hace falta irse al cine para los efectos de la mala praxis del periodismo.

En la película El Carnaval podemos comprobar cómo un auténtico criminal, busca la fama sin importar que para ello tenga que poner en peligro el bienestar de los demás. El protagonista de dicha película ha experimentado esta sensación, y adicto a las miradas de los demás, busca la noticia de su vida sin mirar a quién. Esto nos demuestra que los seres humanos somos adictos a la mentira y el engaño. Aunque algunos prefieren echarle la culpa a Pinocho.

¿Es este el coste de tener una exclusiva de gran calibre? No, no es más que la confirmación de lo que Kapuściński decía en sus libros. Frente a él, los cadáveres de las víctimas del periodista que, como Roger Wolfe decía: “Lanzan la mierda y se lavan las manos”.

GARCÍA GUILLIN, NURIA BCP. 102

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Posted on 16 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes and tagged , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. Nos olvidamos, de nuevo?.

  2. Entrada modificada. Engadinlle un exemplo que me parece moi paralelo á película. A ver se desta damos coa clave.

    García Guillín Nuria BCP 102

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