¿Tomamos un café?

Coffee and cigarettes: disparatada, extraña e inusual. Pero, para mí gusto, bastante acorde con la realidad que vivimos. Los fumadores podrán corroborar mis palabras y a quienes le guste el café secundar mis ideas.

desdefueradelapecera.blogspot.com

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Día tras día son miles las personas que se sientan en una mesa cualquiera, de un bar cualquiera, en un momento del día cualquiera. Nos sentamos, solos o acompañados. Pero esta vez, centrémonos en quienes evitan la soledad al menos una vez al día tomando un café y compartiendo un cigarrillo con alguien cualquiera sentado a su lado. Aunque pueda resultar difícil de asimilar la idea, en múltiples ocasiones las conversaciones que giran en torno a la mesa de un bar tratan de lo -por lo común y general ante nuestro tan habitual inconformismo vital- malo que está el café y de lo perjudicial que es seguir fumando. Pero, amigos, seguimos bebiendo ese café, volveremos a repetir ese café y, creedme, seguiremos fumando mientras acompañamos la próxima calada con un “debería dejarlo”. Y así, nuestra comunicación se limita a criticar dos de los vicios por excelencia de la humanidad, a la par que los saboreamos como si no hubiera un mañana. Así, cada día, multiplicado por cientos.

Quizás en ocasiones nuestra conversación abre nuevas vías e introducimos un “¿Qué tal te va todo?” o mismo desconfiamos de que, por el mero hecho de tratar de quedar y ver a la otra persona, algo puede estar sucediendo. La rapidez, las prisas y el afán por tratar de vivirlo todo hace que, en los momentos de pausa, los intentos de comunicación -llamadlo quedar a tomar un café y charlar- se tiñan de extrañeza y desconfianza. Que se lo digan a Isaach...

La sociedad vive con el pedal de freno atascado. No funciona. No nos funciona. No nos detenemos. Vivimos con la prisa en los pies y, cuando alguien trata de arreglar el freno, nuestro mundo se vuelve desconocido. ¿Y qué hacemos? Pues nos tomamos un café y nos fumamos un cigarrillo. Y desconfiamos, claro que desconfiamos. Porque ni el café ni el cigarrillo se pueden beber y fumar con prisas. Entonces, nos sentamos en el bar de la esquina con alguien con el que, conocido o no, hemos quedado. Si surge, pues hablamos,de lo contrario el café y el compartir un cigarrillo harán el resto por los dos. Porque, beber un café o fumar un cigarrillo, pueden decir más cosas sobre nosotros de las que jamás seremos capaces de contar. Nuestro interior, nuestras reflexiones, son desnudadas por el más tímido sorbo y la más apenada calada.

Aunque el 2003 ya nos quede un poco atrás, Jim Jarmusch logró reflejar lo fugaz, efímero, singular y ajeno que es algo tan normal como quedar para tomar un café y fumar un cigarrillo con otra persona. Dos vicios que corrompen un molde, dos vicios a los que en la actualidad se les suma la inhumanidad de los teléfonos móviles.

Para reflexionar, para pensar o mismo para vernos reflejados a nosotros mismos, os dejo dos posts sobre las veces que hemos prometido un café y las veces que nos hemos olvidado de tomarlo:

Minimoka. “¿Quedamos a tomar un café?”. Minimoka.es,  31 diciembre 2012. <http://www.minimoka.es/quedamos-a-tomar-un-cafe/> [Consultado: 20 febrero 2014]

Concepción. “Quedamos para tomar un café”. Maravillosaedad.wordpress.com, 23 enero 2014. <http://maravillosaedad.wordpress.com/2014/01/23/quedamos-para-tomar-un-cafe/> [Consultado: 20 febrero 2014]

Y tú, ¿también has compartido un café y un cigarrillo con alguien?

Pérez Seijo, Sara 142. E04

Posted on 22 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes and tagged . Bookmark the permalink. Deixar un comentario.

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