El periodismo del pasado y del futuro

“Nos últimos tempos, a crença de que a democracia não funciona, de que o eleitor comum está a ser engañado noite e dia, tornou-se quase universal entre nós” comentaba el filósofo estadounidense Richard Rorty acerca de la verdad actual. Es así como Jay Rosen nos introduce en la existencia o no del periodismo público en los medios. Con afirmaciones como esta nos planteamos si realmente el mundo de la comunicación necesita una nueva perspectiva urgentemente a favor de la dimensión pública.

A día de hoy debemos conocer la verdad de que no todo el mundo es periodista, pero debemos tener muy presentes que los ciudadanos no deben reducir su posición únicamente a la de espectador como proponía el periodista Lippmann, sino que como Dewey ya defendió, los periodistas son los encargados de exponer y analizar los hechos y acontecimientos que se desarrollan en el mundo. De este modo, mientras los profesionales de la comunicación son los que tienen el poder para mostrar la realidad al público, el público debe gozar del privilegio de juzgar la información y decidir por su propia cuenta.

(Foto: telesurtv.net)

Un periodista se debe al público, a los problemas e inquietudes que mueven al pueblo. Es cierto que los fines económicos a veces olvidan esta premisa y la moldean a su manera para describir aspectos que a ellos les interesa.

Para finalizar, querría reflejar la reflexión que Ryszard Kapuscinski hace sobre lo que supuso el ejercicio de la profesión periodística en comparación con lo que significa a día de hoy: “Antes, los periodistas eran un grupo muy reducido, se les valoraba. Ahora el mundo de los medios de comunicación ha cambiado radicalmente. La revolución tecnológica ha creado una nueva clase de periodista. En Estados Unidos les llaman media worker. Los periodistas al estilo clásico son ahora una minoría. La mayoría no sabe ni escribir, en sentido profesional, claro. Este tipo de periodistas no tiene problemas éticos ni profesionales, ya no se hace preguntas. Antes, ser periodista era una manera de vivir, una profesión para toda la vida, una razón para vivir, una identidad. Ahora la mayoría de estos media workers cambian constantemente de trabajo; durante un tiempo hacen de periodistas, luego trabajan en otro oficio, luego en una emisora de radio… No se identifican con su profesión”. Así, descubrimos como algunos de los grandes del periodismo han comprendido la realidad de nuestra época, aunque no debemos ser tan estrictos al respecto. Debemos buscar nuevos caminos, nuevas formas de periodismo, pero sin olvidar la calidad y la verdad del mismo. La información siempre será una necesidad de las sociedades democráticas y los profesionales que se encarguen de contarla nunca desaparecerán, es por ello que debemos defender los antiguos ideales, pero desde una perspectiva de evolución y futuro.

SUÁREZ PAZ, IAGO 143 A05

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Posted on 23 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes and tagged , . Bookmark the permalink. 2 Comentarios.

  1. Sobre la ética del periodismo nos llevan hablando desde el primer día que pisamos la facultad. Lo que debemos hacer, lo que no debemos pero se hace o lo que jamás podremos hacer si no queremos tener problemas judiciales, como mínimo. Esta semana, el programa Salvados nos sorprendía con la emisión de un documental falso sobre el 23F y así es como Jordi Évole daba la cara admitiendo el fraude: http://www.infolibre.es/multimedia/videos/2014/02/24/evole_habla_sobre_programa.html
    Una mentira admitida, un engaño a medias. Yo soy partidaria de que se cuente la verdad y de que si por algún motivo no se hace, se rectifique, ya que todos podemos cometer errores en algún momento de nuestra carrera.
    El periodismo público que se defiende en el texto es lo ideal aunque muy utópico todavía por los intereses que aún se conservan con la élite política.
    Delgado Méndez, Carla 141.A05

    • Totalmente utópico Carla, al menos a día de hoy. Es cierto que los errores deben perdonarse y los fallos rectificarse, pero en profesiones como esta creo que los errores se pagan muy caros y, probablemente, veremos la repercusión del programa de Évole. No entro a cuestionar si está bien o mal lo que ha hecho, si ha mostrado la facilidad del engaño a la audiencia o no, si el mensaje final era bueno o malo, pero lo cierto es que a grandes decisiones mayores consecuencias, el futuro dirá. Lo que sí es cierto es que llegado un momento de éxito en la profesión los riesgos son todavía mayores y los errores menos perdonables.
      SUÁREZ PAZ, IAGO 143 A05

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