No diga la verdad, excite a la gente

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Las malas noticias se venden mejor porque una buena noticia no es noticia”

Chuck Tatum (Kirk Douglas)

Por estas fechas el CIS publicaba que la profesión periodística era la segunda menos valorada por los españoles, con una nota de 59’09 sobre 100. Al principio me resultó extraño pues, si bien es cierto que cualquier garrulo con más de 7 minutos con su careto en televisión ya se adjudica el título de periodista y la gente atiza a nuestra profesión con más frecuencia que la lluvia cae en Santiago, creía que la gente sabría valorar a grandes periodistas como Precedo o Sáenz de Ugarte. Entonces me di cuenta de que a las masas, por mucho que lo nieguen, les interesa más un Chuck Tatum que un Will McAvoy; prefieren a un Jordi Évole que les mienta mientras se descojona en su cara a un Manuel Jabois que los maraville con su pluma.

Vivimos en un mundo en el que las noticias que más repercusión tienen son, con perdón, mierdas. Me atrevo a afirmar que un gran porcentaje de la población española sabe que Kim Jong-Un, nuestro querido y voluminoso líder supremo, mandó a una jauría de perros a que devorarán a su tío; es más, saben cuántos había, de qué raza era cada can y los días que llevaban sin comer. Esta noticia, salvo que se me haya pasado algo por alto, tiene la misma repercusión que saber qué ha hecho mi vecina para cenar. Por otra parte, el debate sobre el estado de la nación contó con un 2’2% de audiencia en TV frente al 16’7% del Sálvame. Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Hago noticias grandes y pequeñas. Y si no hay, salgo a morder a un perro”

Chuck Tatum (Kirk Douglas)

¿Pero todo esto qué tiene que ver con El Gran Carnaval? Tiene a ver qué Chuck Tatum, maravillosamente interpretado por Kirk Douglas, es un tipo que, en base a un acontecimiento tan simple como que un hombre se queda atrapado en una cueva con restos indios, consigue congregar a un absurdo número de personas a base de estirar el chicle, inventar y, sobre todo, manipular. Un tipo que, si bien cuenta con una moral despreciable para todo periodista que se precie, consigue que su historia sea lo más de lo más, consigue ser el comidilla de la nación.macfarlane-p2-splsh

La personalidad e ideales de Tatum chocan directamente con los de su jefe, representante del periodismo honesto en el filme, en el periódico de Albuquerque: un tipo humilde, sencillo y honrado. Era consciente de que el periodismo amarillista de Tatum tenía una repercusión que él nunca alcanzaría con sus piezas, pero nunca renunció a sus ideales y jamás aprobó las prácticas del protagonista.

Finalmente, Tatum cae en desgracia y se da cuenta de todo lo malo que hizo, pero es demasiado tarde para resarcirse. La misma gente que lo puso en un pedestal, se encargó de molerlo a martillazos cuando se descubrió su auténtico ser. A mí sólo me queda reflexionar por qué no ocurre esto en nuestro tiempo, por qué la gente generaliza su odio hacia la profesión con los hombres honestos y no hacia estos individuos que muchos creen como si de Moisés y las tablas sagradas se trataran, capaces de venderles mercurio como si fuera agua. Tal vez es que, parafraseando a Billy Wilder, la gente no quiere saber, quiere embriagarse con morbo e historias jugosas.

‘El Gran Carnaval’ era una película muy buena; el argumento tenía fuerza y estaba bien trabajado. Pero la gente no quería saber; la gente no quiere que le cuenten que si hay un accidente en la calle y hay un herido grave, antes de ir a avisar a un médico, se quedan contemplando con curiosidad morbosa la tragedia.”

Billy Wilder, director de ‘Ace in the hole’ (El Gran Carnaval)

Estévez Ingelmo, Álvaro 141 D04

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Posted on 27 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes, Posts individuais and tagged , . Bookmark the permalink. 5 Comentarios.

  1. Cómpre recordar que o xornalismo, como todo nesta vida, é un negocio. E máis alá dos ideais, prevalece o económico. Mal que nos pese, titulares coma este (http://t.co/TDSiB7jcop), sensacionalistas e amarillistas, terán sempre máis tirón ca aqueles moderados que procuren informar o máis verazmente posible. Pero o problema non radica no xornalismo, senón na sociedade. O xornalismo adáptase ao seu público, que demanda este tipo de cousas e que parece non ter intención de cambiar nun futuro máis ou menos próximo.

  2. El periodista humilde, honesto, como el que tú dices, está en peligro de extinción. Si es que todavía existe, claro. Lo cual es una verdadera pena, el saber hasta qué punto se está tirando al garete nuestra profesión. Profesión que tendría que ser vocacional, no con escasos minutos despotricando de otros. Deberíamos ser conocidos por contar historias, como bien dices, como Jabois y no dejarnos engañar por farsantes como Évole o los gritos de la Esteban en telecirco.

  3. Carla Castro Zapatero 141B05

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