El Desafío: más Frosts

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Voy a ser claro: no me gustó “El Desafío: Frost contra Nixon”. Si bien el filme está muy bien recreado, la primera parte de la película -la preparación de la entrevista a Nxion- carece del interés o peso suficiente como para conseguir enganchar a la película; además, en esta parte ni uno de los secundarios ofrece algo realmente valioso al argumento y, realmente, llega a aburrir si no vas preparado para cualquier cosa. Si el filme de Ron Howard merece algo de crédito es por la solvente actuación de Martin Sheen como David Frost y, sobre todo, el excelso papel de Frank Langella como Richard Nixon. Este último está sobresaliente ya que consigue hacerte empatizar con Nixon, ese Nixon considerado casi unánimemente el peor presidente de la historia de los Estados Unidos.

Dejando la crítica cinematográfica a un lado, la película me aportó bastante poco. Me aportó bastante poco porque ya tenía la sensación de que hacen falta más profesionales como David Frost en este mundo.

Vámonos a 1977, por aquel entonces Frost era un showman de la televisión australiana, casi más humorista que periodista. El británico buscaba dar un giro de 180 grados a su carrera y no se le ocurre otra cosa que meterse a entrevistar a Nixon, un Nixon que estaba recibiendo por todos lados después del escándalo del Watergate. Nixon aceptó ya que consideraba a Frost un mindundi, un tipo fácilmente manipulable ideal para limpiar su imagen, un entrevistador indulgente para limpiar sus fracasos (y llenarse el bolsillo, que también se vendió al mejor postor)… el resultado, como todos conocen, fue el opuesto: el expresidente admitió su culpabilidad en el caso.

A lo largo de las entrevistas, Frost consigue imponerse a la lengua viperina y taimada de Nixon, un auténtico manipulador cuya arma favorita era la oratoria, y consigue llevar a cabo su plan. Precisamente que Frost se saliera con la suya fue algo que me dio ciertas esperanzas de que, aunque los tipos como Nixon, estafadores y corruptos, suelen ser los que vencen la mayor parte de las veces, siempre habrá alguien que los hará caer. ¿Y qué mejor forma de hacerlos caer que arrinconarlos y anularlos con argumentos? Esa debería ser una de las funciones de los periodistas, cosa que, desgraciadamente, no vemos en la actualidad (no puedo evitar acordarme de cierta entrevista de cierto presidente en ciertas circunstancias con Gloria Lomana).

Lamento que muchos gobernantes no se topen en su camino con un Frost y, tal vez por eso, respete algo a Nixon por finalmente admitir su culpabilidad. Por lo menos él no se escondió tras una pantalla de plasma.

Estévez Ingelmo, Álvaro 141 D04

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Posted on 28 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes and tagged , . Bookmark the permalink. Deixar un comentario.

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