Tinta roja, el periodismo infectado

Con tinta transparente dibuja Lombardi  a los personajes de este film peruano que son la personificación de los sentimientos más humanos (e inhumanos).  Codicia, rabia, amor, frustración, sexo, tristeza, pasión, muerte, culpa…  son algunos de los elementos  claves que el director pinta con su pluma magistral.

 Dentro de la sección de policiales del diario populista El Clamor, el veterano Saúl introduce al joven practicante Alfonso Fernández en el mundo de los relatos de los crímenes que acontecen en la ciudad.  La principal norma es hacer de cada muerto diario, un nuevo titular más impactante que el anterior. Decorar el horror con adornos superfluos y presentarlo como un atractivo plato al lector.

Pero esto no es algo nuevo ni alejado en el espacio.  Todos recordamos esta foto y a este hombre:

Imaxe

 Ha llenado portadas. Ha abierto informativos. Ha ocupado noticias a toda página. En esta misma posición. Con la misma cara de sufrimiento. Con la misma mirada perdida que se atisba entre tanta sangre. Con las mismas heridas que le provocaron el descarrilamiento de un tren que él conducía.

 A veces es difícil determinar donde se encuentra el límite. En la facultad nos enseñan redacción, nos enseñan ética, nos enseñan las tipologías de textos con los que podemos informar. Pero nunca hablan de ese límite. Porque ningún autor ha teorizado sobre él, ningún sabio lo ha nombrado en alguno de sus manuales. Y es que es difícil establecer hasta donde llega nuestro derecho de difundir información. Así resulta tarea imposible marcar la línea de fuego pero hay ciertos peligros a los que uno no se debería arriesgar.

Todos creemos ser personas íntegras y con unos firmes principios que el tiempo no arrastrará consigo, pero actualmente las redacciones de los medios están infectadas por una lacra que va absorbiendo al que puede.

En temas relacionados con un conflicto bélico, una masacre injustificada o una pandemia mundial como puede ser el hambre en el mundo, ciertas imágenes o titulares pueden concienciar a la gente de las desgracias que suceden y hacer que se involucren en cambiar esas situaciones. Pero en accidentes, crímenes o asesinatos ¿qué le aporta a la sociedad ciertos detalles de la vida personal de los protagonistas de una noticia? ¿O una foto de un cadáver o una persona malherida? La respuesta más obvia, es que cuanto más morboso, sádico o escabroso sea un titular o una foto, la noticia será la más susceptible de ser leída o vista por los lectores o audiencia. Todo esto conlleva a sustituir el periodismo por una nueva manera de informar, o desinformar, según como se mire, que es el sensacionalismo. Y en esa sustitución está la clave del asunto. Esto no es periodismo. No juzguemos al periodismo. Juzguemos al que acribilla al periodismo. No nos auto condenemos a caer por el precipicio al que nos empuja la falta de confianza en el cambio.

Os dejo un vídeo que analiza de una manera muy sencilla la historia y el papel del sensacionalismo en el periodismo.

Añón Gándara, Amara

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Posted on 28 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes and tagged , . Bookmark the permalink. 3 Comentarios.

  1. Podríamos emplear la frase que un día dijo un sabio profesor en una de nuestras clases: “Nuestro derecho acaba donde empieza el de los demás”. No voy a dudar de lo correcta que resulta esta cita, lo que sí diré es que la labor social unida al periodismo hace que esas palabras resulten un poco débiles. No se trata de usurpar el derecho de los demás sino de informar. Muchas veces, para que el olvidadizo mundo occidental tome conciencia de lo que sucede fuera de sus fronteras es necesario enseñar esas fotografías que muestren la crueldad de una guerra. Otra cosa es que se cometan determinados actos por sensacionalismo, creo que ahí estamos de acuerdo. Pero hay que diferenciar entre lo que es morbo y lo que es una palmada en la espalda con fines informativos.

    OCA DOMÍNGUEZ, ANDREA 142.EO2

  2. Estoy de acuerdo con Andrea. Cuando la imagen aporta algo a la noticia, cuando sensibiliza, no está de más. El ejemplo que voy a poner, aunque nos queda muy lejos, me parece que es una prueba de lo efectiva que puede ser una imagen dura.

    ¿Cuántas veces no hemos visto fotos de niños desnutridos en los campos de concentración? ¿Y las fotos de las pastillas de jabón? ¿Y las montañas de cuerpos? En esas fotos sale gente que existió de verdad, y algunos de ellos siguen vivos aún hoy. De no ser por ellas seguramente nuestra concepción del holocausto sería diferente. No estoy comparando en absoluto la tragedia de Angrois con el holocausto, solo faltaría, pero a donde quiero llegar a parar es a que hay fotos que aunque sean duras crean conciencia.

    Aún así es necesario que separemos este tipo de fotos de las que solo traen morbo, y la línea es muy muy fina.

    Espiñeira Forcada, Andrea 141 D03

  3. Creo que este párrafo dejo claro que coincido con vosotras, diferenciando entre temas que requieren de concienciación y temas morbosos:

    “En temas relacionados con un conflicto bélico, una masacre injustificada o una pandemia mundial como puede ser el hambre en el mundo, ciertas imágenes o titulares pueden concienciar a la gente de las desgracias que suceden y hacer que se involucren en cambiar esas situaciones. Pero en accidentes, crímenes o asesinatos ¿qué le aporta a la sociedad ciertos detalles de la vida personal de los protagonistas de una noticia? ¿O una foto de un cadáver o una persona malherida? ”

    Añón Gándara, 141 B02

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