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La importancia de la radio

En mi anterior post ya adelanté el tema principal de este, los usos de los medios de  comunicación en las diferentes generaciones.

En Semana Santa he aprovechado para hablar y debatir con mi madre y mi abuela a modo de mesa redonda sobre el uso de los medios. Las dos estaban totalmente de acuerdo que la radio era el medio que más utilizaban, cosa que no me sorprende, ya que ambas duermen con la radio encendida cada noche. Las noticias y las tertulias nocturnas son lo que prefieren. Según mi madre: “No hay cosa mejor que amanecer escuchando la radio”.  También quiero destacar una frase de mi abuela: “El fútbol hay que escucharlo, no verlo”, y es que ella nunca ve los partidos, sino que se acuesta y los escucha en cama. Sin embargo, mi madre no estaba para nada de acuerdo y fue el motivo de una agradable disputa entre suegra y nuera.

Por otro lado, las dos no discutían en el papel que cumple la televisión en sus vidas, simplemente ocio en la hora de la siesta. Por supuesto, también al medio día mientras mi abuela hace la comida Arguiñano está de fondo ayudándola en la tarea.Foto radio

Cuando le pregunto por el papel de los periódicos, respondieron de la forma más sincera posible: “Hace más de un año que no leo un periódico”. Aquí volvieron a estar de acuerdo (cosa poco habitual he de decir) y es que en casa no se compra el periódico y no se preocupan por leerlos. Mi madre destacó que siempre le ha gustado la lectura y que cuando en su casa recibía el “Faro” cada mañana lo leía encantada. Sin embargo, hace más de 10 años que no compramos el periódico a diario y no lo echa de menos. “La radio me llega para mantenerme informada”.

Lo que he sacado en limpio es la importancia de la radio para las generaciones mayores a la mía. Los jóvenes de hoy en día resumimos los medios prácticamente a uno, internet. Sin embargo, ni mi madre ni por supuesto mi abuela utilizan internet habitualmente y explotan al máximo un medio tan polifacético como la radio.

Davila Fernández, Pedro 151.G02

Y entonces llegó la televisión

Gracias a este trabajo estamos descubriendo, todo mi grupo y en particular yo, cosas muy interesantes sobre nuestras familias. Esta semana he dado un salto de generación y he comenzado a hablar con mis padres, el tema elegido fue los medios de comunicación en su juventud.

Mi padre recordaba perfectamente cómo era la radio que había  en su casa cuando él era niño. El tamaño era descomunal, pero a ellos les parecía la cosa más útil del mundo. “Se pasaba encendida gran parte del día en la cocina porque daba ambiente a la casa”. Las noticias era lo que más se escuchaba. Él mismo resalta que ahora eso se está perdiendo: “Antes todos escuchábamos las noticias y ya desde pequeño se inculcaba la importancia de estar informado, sin embargo en la actualidad parece que hay miedo a que los niños se den cuenta de todo lo que está pasando”.Sin título

Lo que realmente fue un gran cambio en la vida de mi familia fue la llegada de la televisión. Fue en el 1970 cuando llegó la primera televisión a casa de mi padre, convirtiéndose así en uno de los primeros hogares del barrio en tener tele. Se debió a que un bar de la zona (donde todo el mundo iba a ver la televisión a diario, ya que las casas carecían de ella) decidió  comprar una nueva con motivo del Mundial de Fútbol de México, y como el dueño era primo de mi abuela, se la regaló por la ayuda que esta le facilitaba en días de mucho ajetreo. Rápidamente la casa se convirtió en lugar de encuentro de amigos y familiares, y recuerda el mundial de México (en el que cabe destacar que España ni participó), como uno de los mejores de la historia. La televisión estuvo, para mi padre, siempre ligada al mundo del ocio y sobretodo del deporte, ya que para las “cosas serias” se seguía utilizando la radio.

DAVILA FERNÁNDEZ, PEDRO  151.G02

Comparando el ocio en la aldea y la ciudad

Tras varias semanas de indagación sobre la juventud de nuestros abuelos, ahora es el momento de comparar las diferencias entre las costumbres de las zonas rurales con las de las ciudades. Aprovechando el post de Iván sobre los pasatiempos en los días de invierno he tratado de compararlo con mi abuela, que ha vivido en Vigo toda su vida.

Según mi abuela, el carnaval en Vigo siempre ha sido una fiesta pequeña, “en comparación con lo que se hace por ahí arriba, en Vigo nunca se le ha dado mucha importancia al carnaval”. En su época, apenas se disfrazaban los niños e iban por las casas pidiendo orejas y filloas típicas de la época. Tal como ella cuenta, “no es que no me guste el carnaval, pero nunca le he dado mayor importancia porque la gente de la zona tampoco se la daba”.

Sin embargo, lo que destaca de sus tardes de invierno era la cantidad de veces que se reunía con sus amigas en su casa. “Solíamos merendar todas juntas después de trabajar. Normalmente venían a mi casa  porque era la que quedaba más a mano. Pasábamos el rato hablando y aprendiendo a coser. A todas nos gustaba y nos enseñaba mi madre que fue modista desde pequeña”. Parece que no importa el lugar donde vivas lo importante es estar con los amigos.

Los fin de semana todo era bastante diferente. La gran mayoría de los sábados iban de baile a los  locales del centro. “Era casi una rutina. Lo pasábamos muy bien todos juntos”. He de decir que fue en uno de estos locales donde mi abuela conoció al padre de mi padre y los ojos le brillan al hablar del tema. “Por la semana no nos podíamos acostar tarde ya que al día siguiente todos teníamos que trabajar, por eso el fin de semana era sagrado”.

Máquina de coser

Davila Fernández, Pedro 151.G02

Primeras andanzas

Estas semanas he estado investigando la vida de juventud de mi abuela Ermitas Davila Rial. Me quise centrar en el ocio de los jóvenes de la época. Parece mentira que viviendo con ella haya tantas cosas que no sabía acerca de su mocedad. No es difícil pensar que hace más de 50 años la vida de los jóvenes era bastante diferente. Sin embargo, nunca me había parado a pensar que en su época apenas había coches con los que moverse por la ciudad. Ella me contó cómo recorrían más de cinco kilómetros andando cada vez que querían ir a lugares donde el tranvía no podía ni acercarlas.

Una de las cosas que destacó, fue la gran alegría que el barrio llevó cuando abrieron un nuevo cine a la vuelta de la esquina, cuando ella tenía cerca de veintiún año.

A pesar de vivir en Vigo, no duda en admitir que las mejores fiestas se hacían a las afueras. Ellas y sus amigas no dudaban en pasar más de una hora andando para poder ir de baile a las fiestas de los pueblos vecinos. Ella misma cuenta que no les importaba andar, ya que el camino era un gran entretenimiento. Incluso mejor que la fiesta a la que se dirigían. Aun así, las salas de baile del centro también eran una buena alternativa cuando la pereza o el tiempo les impedía la andanza, ya que gracias al tranvía llegaban en apenas cinco minutos.

Gracias a esto, he podido pasar mucho tiempo con mi abuela y la verdad es que me ha gustado poder divertirme con ella. Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, así que os animo a que paséis más tiempo con vuestros abuelos que los dos os lo pasaréis genial.

Tranvía de Vigo en los años 50

Tranvía de Vigo en los años 50

DAVILA FERNÁNDEZ, PEDRO 151.G02