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Relación virtual

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Hace unos días estaba pasando la tarde con unos amigos en un bar del centro. Cuando eran cerca de las 9 de la noche, uno de mis compañeros se fue a su casa. “Me voy. He quedado por Messenger”, dijo. Al volverme para despedirle, me fijé en tres chicos que ocupaban una mesa próxima a la salida. Cada uno estaba concentrado en la pantalla de su portátil, escribiendo, sin mudar su expresión neutral y sin hablarse entre ellos. No le di importancia. Cuando más tarde volví a mi casa, me encontré a mi hermana pequeña en el salón, con su ordenador sobre las rodillas, manteniendo una conversación por vídeo con una amiga. La reconocí, era una chica que vivía en el centro, a no más de 10 minutos en autobús desde nuestra casa. Le pregunté a mi hermana por qué no había bajado a verla, y me contestó: “¿Para qué voy a salir de casa pudiendo hablar con ella desde aquí”?. Entonces me acordé de mi amigo, que se había ido para hablar por Messenger, y de aquellos tres chicos que, aunque estaban sentados en la misma mesa, probablemente charlaban entre ellos mediante sus portátiles. Hasta hace pocos años, si yo quería estar con mis amigos tenía que quedar físicamente con ellos en algún sitio. Aún lo hago, porque estoy seguro de que el ambiente que se crea cuando estás en un grupo no se puede recrear en un chat, ni en un video. Intento enseñarle eso a mi hermana, pero veo como la gente de su edad se entrega a la Red y se vuelve más ermitaña. ¿Estamos cambiando nuestras relaciones por el progreso?

Pérez Pérez, S3F