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Mil primaveras máis para a lingua galega

Unha Galicia sen galego, unha lingua morta, da que soamente queden recordos nuns anacos de papel, ¿ é iso o que queremos? Desde logo que non, pero tristemente é o que día a día estamos a conseguir.

Permitindo que algo tan absurdo e simple como escoitar a un neno falar en galego sexa un feito insólito. Sorprendendonos cada vez que aparece un grupo de música que canta na nosa lingua. Esquecendonos de que tamen existe a Cinsenta ou Brancaneves.

¿Os culpables? Nos últimos anos o marco normativo que xira en torno as linguas rexionais creou unha gran polémica. Na escola galego sí, ou galego non? Pero non nos enganemos, as políticas lingüísticas non son as que relegan o idioma ao trasteiro da nosa sociedade. Culpable é aquela nai que cambia de rexistro cando fala cos seus fillos, o pai que parece esquecer a sua lingua cada vez que pon o pe fóra de casa ou as avoas que se dirixen aos seus netos pensando que non naceron na mesma terra ca elas. Xestos insignificantes, un tras outro. E pasiño a pasiño, estamos deixando atrás o elemento que mais nos caracteriza, algo que non só forma parte das nosas vidas, forma parte de nós mesmos.

¿ Onde quedaron os contos dos nosos avós? ¿ As letras de cancións no noso fermoso idioma? ¿ As Xianas, Sabelas, Uxías e Anxos?
Parecen non ter cabida nunha sociedade na que a historia deixou pegada. Conseguiu que moitas persoas se chegasen a avergoñar de falar esta lingua, ou de ter un acento determinado, sen percatarse de que iso é o que nos fai pertencer a esta terra, o que define o noso pasado, o noso presente e esperemos que o noso futuro.

É ben certo que non se aprecia o que se ten ata que se perde, e oxalá que non sexa necesario chegar a eses extremos para valorar o afortunados que somos. Un raíño de esperanza cruza cada vez que un cativo, confundido, se pregunta por que seus pais só falan galego na casa, coma se incompresiblemente o agocharan. Rapaces así son os que fan reflexionar a esa clase de persoas, os que abren os ollos ante a realidade na que vivimos, e os que seguirán loitando por mil primaveiras máis para a lingua galega.

Diana Rodríguez Domínguez – Técnicas de Expresión (1º Derecho)

Un código con segundas intenciones

No necesitamos más que encender el televisor para ser conscientes de la importancia en la actualidad del tema de los Desahucios. Se trata de un tema relevante sobre el cual un día tras otro nos llega información desmesurada.

Algo que puede resultar muy extraño es que dada la mediatización y la relevancia que se le da a este tema no se haya realizado ninguna mejora relevante.

Sí es cierto que se han creado una serie de iniciativas para intentar resolver dicha situación, pero todas ellas se han quedado cortas. Una de ellas es el código de buenas prácticas bancarias.

El gobierno español se vio obligado a adoptar medidas para dar soluciones a esta situación y por ello se creó el Real Decreto-ley 6/2012. El destino de este decreto era conseguir la reestructuración de la deuda hipotecaria de aquellos que tuvieren demasiadas dificultades para pagar y flexibilizar al mismo tiempo el procedimiento de los desahucios. Este real decreto elaboró un código de buenas prácticas al que voluntariamente podrían adherirse las distintas entidades que hubiesen concedido préstamos o créditos hipotecarios.

Es este código el que nos ofrece la posibilidad de la Dación en pago de la vivienda, la cual supone la cancelación total de la deuda y las responsabilidades personales del deudor.

Pero a pesar de esta iniciativa los desahucios continúan provocando dramas sociales. Los favorecidos por este código son un segmento muy determinado de deudores.

Por todo ello debo señalar que la verdadera función de este código no es solo abaratar los costes de la ejecución ordinaria contra este colectivo, sino también mejorar la imagen de las propias entidades financieras, para así ganar el apoyo del público, el cual se ha solidarizado totalmente con todos los perjudicados.

Nadia Santos Pita, alumna de Técnicas de Expresión (1º Derecho)

¿Hay luz al final del túnel?

Una luz al final del túnel, la solución a la profunda crisis que vivimos es lo que llevamos buscando desde hace cinco años. Sucesivas reformas tratan de impulsar al país a un mejor futuro. Sin embargo, aquellas que para lograr su objetivo pisan los derechos más básicos son el detonante de la situación en la que vivimos.

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna pero es casi imposible saber con exactitud cuántas familias han perdido sus hogares en los últimos años. Los desahucios han incrementado un 200 por cien, miles de personas se han quedado en la calle y todo esto ha permanecido en un segundo plano hasta hace muy poco. ¿Qué es lo que ha provocado esta masiva reacción social que vivimos hoy en día?

  • Córdoba, 8 de febrero:  un joven de 28 años se suicida tras dar su casa al banco.
  • Mallorca, 12 de febrero: una pareja de jubilados se quitan la vida tras recibir el aviso de desahucio.

Son ejemplos de una lista cada vez mayor de personas que al verse desesperadas, superadas,  sin un hogar, deciden quitarse la vida.

Recientemente el TJ (Tribunal de Justicia) de la Unión Europea ha establecido que la ley española deberá adaptarse a la directiva europea que actualmente no respeta, sobre todo en materia de cláusulas abusivas tan empleadas en nuestro país.

Puede que nos encontremos ante una salida a este problema o, sin más, ante otro intento frustrado de achacar esta situación. Lo que está claro es que la crisis que atravesamos está sacando a relucir graves conflictos en los que los tan luchados derechos básicos se ven atacados.  Es hora de ponderar a que damos más valor, lo económico  o lo humano.  Y es evidente que la ciudadanía va a luchar con todas sus armas para defender los ataques  a su derecho de la vivienda, o a cualquier otro.

Rodríguez Domínguez, Diana, alumna de Técnicas de Expresión (1º Derecho)

Juntos podemos vencer al gigante

Todos y cada uno de nosotros formamos parte de la historia y seremos historia. Estamos viviendo tiempos que serán recordados como unos de los más duros de la época contemporánea. Este golpe es el golpe de un gigante, que con el paso de los años hemos hecho todavía más grande. Ya los griegos conocieron al gigante Caco.

Todos y cada uno de nosotros tenemos familiares, amigos, conocidos que están sufriendo el golpe del gigante Caco. Yo os digo que todos y cada uno de nosotros podemos luchar contra él y vencerlo. Nosotros estamos en la Casa del Derecho, nosotros tenemos que luchar con honor y lealtad a nuestros principios. Luchar por lo que somos,  hombres y mujeres libres. En palabras de Kennedy: “Las grandes crisis producen grandes hombres”, hacer gala de esas palabras y no dejaros caer en la humillación y la sumisión.

La crisis, o este gigante, está causando en la sociedad discriminaciones inhumanas. En la Declaración de Derechos Humanos y la Constitución se recoge el derecho a una vivienda digna y adecuada. Quizás estos artículos no son más que meras florituras, pero, ¿no merece la pena luchar para que dejen de serlo y pasen a estar en un plano superior de la jerarquía jurídica?, ¿por qué dejar que el gigante arrebate a miles de familias lo que es legítimamente suyo?, ¿es más propietario un banco de una vivienda que una persona a la que le faltan dos meses por pagar de la hipoteca? Estas son preguntas que alguien como ciudadano debe preguntarse pero también el jurista y el legislador debería hacerlo como responsables de las leyes que son y que seremos.

Cada día en España se producen cientos de desahucios. Ligados a estos vienen los llantos, la desesperación y, en muchos casos, el suicidio. Todos podemos ayudar, quizás con medios diferentes, pero todos podemos hacerlo. Cuando es realizado un procedimiento de ejecución hipotecaria y este ha finalizado, no produce efectos de “cosa juzgada”. Esto quiere decir que el desahuciado puede iniciar un procedimiento judicial contra la entidad que lo desahució. En dicho procedimiento, se podrán revisar las irregularidades cometidas en el anterior juicio y solicitar, entre otras cosas, que se reponga el estado de la cosa anterior a la ejecución, condenando a la entidad financiera a reintegrarle las cantidades que en la ejecución hipotecaria hubiera obtenido y abonarle los demás daños y perjuicios causados.  Este tan solo es un ejemplo de que hay que mantenerse firme en la lucha y no dejarse superar por el gigante.

Finalmente solo quiero deciros que es cierto que tenemos que formarnos, que tenemos que estudiar, pero sobre todo, tenemos que pensar y que no piensen por nosotros. Hoy, como también hizo Kennedy en 1961 poco antes de ser asesinado, quizás por un gigante, yo “os pido vuestra ayuda en la gran tarea de informar y alertar a la población, con la confianza de que con vuestra ayuda el hombre pueda ser lo que ha nacido para ser: libre e independiente”.

Parcero Areán, Eduardo, alumno de Técnicas de Expresión (1º Derecho). 

El desahucio, una victoria del capitalismo

Si una persona no puede pagar su hipoteca, esta persona tiene un problema, si miles de personas no pueden pagar su hipoteca, el banco tiene un problema, pero si cientos de miles de personas no pueden pagar sus hipotecas, entonces el país tiene un problema.

Lo cierto es que “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada” según dispone la Constitución Española de 1978, que recoge como derecho fundamental el derecho a la vivienda.  Pero, según el Tribunal Constitucional los desahucios no vulneran derechos fundamentales al considerar el derecho a la vivienda como un derecho no vinculante.

De ahí que cada desahucio sea una victoria del capitalismo financiero, dictatorial, globalizado e insostenible que nos ha robado hasta la apariencia de democracia que creíamos tener.

Por ello, todos debemos tomar conciencia del problema de los desahucios dado que es un problema generalizado de todo un país como es España.

Puga Moire, Ana, alumna de Técnicas de Expresión (1º Derecho).

La ocupación, ¿una alternativa al desahucio?

La realidad del desahucio no es algo nuevo, pero sí algo que se ha visto incrementado desde que ha empezado la ‘’crisis’’ en el año 2008. Desde ese año, miles de familias se han visto obligadas a abandonar sus casas, dejando atrás sus historias y pertenencias. Junto a esto, y proporcional a ello, la okupación de bienes inmuebles ha aumentado.

Desde que se originó la okupación en los años 60 y 70, este fenómeno urbano ha ido evolucionando, y ha vuelto a renacer en estos tiempos de crisis económica. Era lógico que esto pasase, ya que habiendo millones de viviendas vacías en España y miles de personas desahuciadas, sería raro que nadie hubiera barajado dicha alternativa.

Hasta hace unos años se relacionaba este fenómeno con juventud y rebeldía, pero, ahora, la concepción ha cambiado. Yo, sinceramente, me pregunto por qué no ocupar una vivienda vacía si nuestro Gobierno no es capaz de garantizar un presupuesto tan básico como el expuesto en el artículo 47 de nuestra Constitución, aquél que empieza por “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”. Pues bien, si nos lanzamos a la aventura, debemos de saber que son poco comunes las condenas relacionadas con la ocupación, y la mayoría de las existentes proceden de resistencias a la autoridad durante los desalojos.

Además, si el impedimento para no hacerlo reside en la creencia de que todos estos pisos okupados tienen un dueño que se opone, como sería lógico, a la ocupación de su propiedad, hemos de decir que no es así.

En resumen, queda decir que con este artículo no buscamos, aunque pueda parecerlo, incitar a la ocupación, sino remover conciencias y ofrecer una viable alternativa al desahucio, que garantizaría temporalmente unas condiciones mínimas de calidad de vida.

Tenorio Fernández, Abraham, alumno de Técnicas de Expresión (1º Derecho)