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Entón… Polley ou non Polley?

Como unha arañeira nun recuncho é a familia de Sarah Polley. Ao abeiro da sombra, protexida do vento e do Sol. Non é que sexan cazadores pacientes, senón que a artificiosidade coa que se construíu é digna de análise artística e, entendela, fai que o espectador se impregne desa tea branca como a mosca na casa deshabitada.

Unha nai que faleceu por un cancro deixando a seu marido con cinco fillos e unha sospeita de adulterio. Sarah é a pequena deses cinco fillos e, tamén, a proba fidedigna de que a súa nai si tivo un amorío extramarital. Pódese chamar adulterio -e alimentar o odio cara o suxeito- ou nomealo como busca do amor que lle sesgou a parella -e provocar a compaixón ao longo de cento e pico minutos-. En definitiva, o amante acepta o seu rol de dobre para as escenas de frenesí -o Jackie Chan do drama- e o marido entende que non conseguiu amar tanto como ela, a nai da directora, necesitaba.

En Stories we tell, Polley consegue que o cara a cara coa súa familia e con algún achegado de súa nai conte a súa historia e lle devolva o seu antigo “mundo da vida”, o mundo fundamentado no coñecemento e na experiencia propia ou transmitida por outras persoas.

Son interesantes as dúas actitudes, tanto a do amante como a do amado da nai de Polley, cando ela pregúntalles que podería facer para aproximarse ao que realmente aconteceu. Por unha banda, Harry Gulkin (o amante) di que a única realidade do pasado da outra vida dela, tena el, que é o único dos dous actores principais que segue vivo e, polo tanto, os seus recordos son os que gardan valor: “o resto son damnificados”. Pola outra, Michael Polley (o amado) insiste en que o máis próximo ao verdadeiro do asunto sería “a proxección desas seis horas de brutos previos á montaxe da película”.

A directora fai que a través da comunidade de amigos e familiares que orlaron a súa nai, Diane Polley, se conte unha historia que ten como fío vertebrador a comunicación interpersonal do devandito grupo e, como factor común, a presenza, case sempre detrás das cámaras, da filla da paternidade ambigua.

RODRÍGUEZ ALONSO, JAVIER H. BCP.005 

Todos somos The visitor

No son tan diferentes,

el

tienen la injusticia en común.

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“Sin papeles” o “ilegales” no me parece un bonito nombre para calificar a nadie y más cuando estos términos ensalzan algo de lo que careces y que puede llegar a hacerte la vida imposible.

Puedes no estar haciendo algo ilegal que por carecer de papeles que remarquen tu ciudadanía ya van a por ti. Te encierran y analizan tu vida, vida que muchas veces desechan mediante la deportación. Deportación como sinónimo de tirar la basura para unos y de un sueño quebrado para los verdaderos protagonistas.

¿A qué se debe esto? La falta de una reforma migratoria en EEUU es destacable pero también se puede tachar de esperada cuando la comunicación es impensable. Reforma que ya reivindicó en su día George Bush sin grandes éxitos <http://mexico.cnn.com/mundo/2012/12/04/george-bush-retoma-el-debate-sobre-una-reforma-migratoria-integral-en-eu&gt;. Los inmigrantes no tienen voz. Una vez apresados se les permite hablar con sus allegados pero siempre con una placa de cristal de por medio. Placa que no es ni la cuarta parte del muro que que les separa de la realidad, la libertad y la vida. Muro infranqueable que niega la libertad de la que tanto presumen con esa gran estatua.

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Pero no hace falta irse tan lejos para ver el reflejo de situaciones como esta. Estamos acostumbrados a que toda la injusticia nos quede lejos, pero si vemos a nuestro al rededor nos daremos cuenta de que la tenemos sobre nosotros mismos. Los emigrantes retornados sufren en sus carnes algo muy parecido a los protagonistas de este filme. Ellos se sacrifican buscando una salida, tratan de amoldarse con el miedo de no encajar o ser rechazados, intentando ser escuchados, y cuando retornan se encuentran con que donde no se les escucha es en su país. Gobiernos que defienden la libertad de expresión, los derechos humanos y una tira de valores impregnados de hipocresía. Valores que llevan en Estados Unidos a la deportación de personas “ilegales” a su país y que aquí impone impedimentos como las pensiones a día de hoy. No deportan a estas personas, sólo les invitan a irse amablemente ya que en su país les saquean.

a tomar por culo

Yo, he de confesaros que me siento un poco Richard Jenkins. Un Jenkins que se sorprendió de primeras al ver por lo que pasaba esta gente. Después de esta fase inicial vinieron las ganas de comunicame con ellos para llegar a entenderles y tras ésta la necesidad de ayudarles. Una vez hecho el daño, salir a la calle con ellos y gritar sus derechos en la puerta de Hacienda es el grado de comunicación forzosa con los de arriba ya que no les dan pie a más que esto. Esto me recuerda a cuando Jenkins acude a preguntarle a los policías a dónde habían mandado al chico que un día le enseñó a disfrutar de nuevo de la vida mediante el cruce de sus culturas. La impotencia se apodera de él y acaba estallando:

No pueden llevarse a la gente así ¿me ha oído? Era un buen hombre, una buena persona. No somos niños indefensos, tenía una vida. ¿NO ME OYEN? ¿ESTÁN SORDOS? ¿QUÉ LES PASA A USTEDES?

Y sí, parece que hacer oídos sordos ante injusticias como esta es lo normal.

 Les salen más baratos los tapones de cera para no escuchar que intentar arreglar esta situación.

Aprendamos a convivir, como ellos.                 London River, una película que te enseñará que no somos tan diferentes.                                                                                                                                       < https://www.filmin.es/pelicula/london-river >

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Rodríguez Bello, Cora 143 C02      (Una servidora que se llevará los bongos a la próxima manifestación para que les salten los tapones de los oídos a los que no quieren escuchar.)

Seamos la radio!

Al hablar de los medios de comunicación, casi siempre surge el mismo debate. ¿Los grandes medios son representativos de la población? Hay muchas organizaciones que responden negativamente. Por eso, en vez de luchar contra los gigantes, se basan en la democratización y desarrollan sus propios medios, “para comunicarse con voz propia, sin depender de los grandes que a menudo distorsionan las informaciones.”

Así surge la figura del periódico como agitador y organizador colectivo. Es la misma concepción que tenía Lenin. El dictador veía en la comunicación un arma de conciencia social, donde los contenidos ofrecerían su visión particular de la realidad. Las organizaciones critican que los medios tradicionales están sesgados, que distorsionan la realidad y que solo atienden a intereses económicos y empresariales. Pero los medios de las organizaciones están haciendo exactamente lo mismo. Atienden a sus propios intereses y publican contenidos que en muchos casos son autopromoción. Entonces, ¿cuál es el medio con la información más distorsionada?

Otro matiz a añadir es que los medios escritos de algunas organizaciones cumplen “más una función interna que externa, apuntando a informar y cohesionar ideológicamente a sus bases”. Y además a veces tienen un valor simbólico, pues “representa la trayectoria histórica, las luchas, la identidad y las distintas etapas que ha atravesado una organización”. Basándonos en esto, ¿las empresas de información tradicionales hacen información para el público?

Revista Sem Terra, uno de los medios que se crearon para “dar voz a los que no tienen voz”. / biodiversidadla.org

La radio es diferente. Rompe con el silencio y el aislamiento. “La radio permite llegar a públicos que no saben leer y a lugares apartados, es el medio más popular, relativamente barato y su propiedad está menos centrada.” Con la radio las organizaciones tienen más fácil ganar la simpatía de la sociedad. También tienen más posibilidades de ampliar la audiencia y una capacidad para comunicar mayor si se tiene un buen material de difusión. Por todos estos motivos la radio es el mejor medio de comunicación para que las organizaciones difundan su información. Es el medio menos sesgado, por lo tanto, mucho más útil para la población. Así, también aporta más confianza y en consecuencia llegará a más audiencia. Así que, no seamos los media. Seamos la radio!

En la cultura incaica el transporte de comunicación era a través de los «chasquis», atletas corredores que llevaban y traían información, de ahí nuestro nombre. Lo que puede sintetizar el espíritu de la radio es la participación colectiva de la gente. La radio no es sólo un actor social que difunde comunicación sino también una organización de personas que participan.

Chasqui Radio, Perú.

PÉREZ FRAGA, PAULA BCP 205.

THE VISITOR: “Dios los junta” mais algún deles disxúntaos

Unha primeira mirada pódenos mostrar unha película bonita e triste á vez, mais pensando un pouco trátase de moito máis: un escenario no que se narra perfectamente a dificultade dos emigrados chegados a certas partes do mundo e as súas dificultades para comunicarse nestas novas sociedades –e non tan só por culpa deles-. Isto é a película The Visitor (Thomas McCarthy, 2007).

thevisitor

A sociedade occidental hoxe en día tende a desconfiar, cando menos de primeira man, das posíbeis relacións con xentes inmigrantes no seu territorio. Isto é todo o contrario do que acontece con Walter Vale. Este profesor universitario amósase sorprendido cando atopa a unha parella de inmigrantes no seu piso de New York mais, en troques de botalos, tenta comprender os seus problemas e axudarlles. Así é como chega a observar o xeito de vida de Tarek e Zainab, as dificultades que superan con certa alegría e tamén as dificultades impostas pola sociedade que son incapaces de superar. Cando Tarek é metido na cárcere por un acto polo que calquera cidadán americano non recibiría máis que un aviso, dámonos conta da “fobia” que determinadas sociedades e inclusive institucións estatais lle teñen a este grupo de persoas. A comunicación con eles é diferente xa non só no xeito de comunicarlles as cousas, senón na forma de miralos, de aproximarse a eles, de crerse superiores a eles. Estes pequenos detalles son os que, dende a miña opinión, acaban configurando unha sociedade xenófoba e pouco acolledora con este tipo de relación mundiais. Destaco tres puntos que me pareceron moi descriptivos destas actitudes na película:

  1. Negocio inmigrante: unha muller achégase ao posto de venda de Zainab e tenta regatearlle e preguntarlle cousas absurdas, como créndose superior pola súa condición de cidadá americana, de blanca ou de maior nivel social.
  2. Estatua da “liberdade (?)”: o profesor vai visitar a Tarek á cárcere en un ambiente de total limitación das liberdades do preso (pouco tempo de visitas, non poder pasarlles cousas, etc) aparece pintada sobre o fondo dunha das paredes da estancia a Estatua da Liberdade sobre o fondo da bandeira estadounidense.
  3. Bandeira EEUU: tras estar un tempo na cárcere, Tarek é deportado a Siria –o seu país de orixe-. Cando está no aeroporto a piques de coller o avión, pasa por debaixo dunha bandeira americana. Podemos observar aquí de novo a relación de contraste entre un país que supostamente ofrece moitas liberdades e as poucas das que goza este home que é expulsado do mesmo.

Neste contexto o profesor Walder Vale supón un contrapunto á sociedade, unha esperanza de que aínda queda xente comprensiva cos problemas deste tipo de xente. Se o recibimento é bo, será tamén mellor a actitude dos recibidos. Hai quen insulta e aldraxa aos inmigrantes, botándolles xa a priori as culpas de facer o mal, mais non dan conta que quizabes son eles os que están incitando a tales comportamentos. En Francia queren botar aos ciganos, en Italia hai quen non soporta a unha ministra africana e no estado español aínda o outro día trataban de xeito cando menos discutible a entrada de inmigrantes por Ceuta.

Necesitamos máis profesores Vale. Que toquen os bongos.

GÓMEZ SAL, LUCAS. BCP 203