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ITÍNERA I: Un hasta luego, que no un adiós.

Nuestra aventura descubriendo los entresijos del Hospital de Conxo y la labor de todo el personal del mismo centro, así como la actividad de la asociación Itínera ha llegado hoy a su término. Como colofón final, hemos asistido a una de las múltiples alternativas que desde Itínera ofrecen tanto a internos como a pacientes externos del lugar.  El entretenimiento de los viernes, el fútbol. Allí se reúnen decenas personas para compartir una tarde de diversión, compañerismo y amor por el deporte.

Los entrenamientos comienzan con un exigente calentamiento, precedido de  una serie de ejercicios que ponen en marcha a estos jugadores amateur. Su empeño y sus ganas hacen que valga la pena incluso aguantar chaparrones. Y es que nada frena el afán por entretenerse que mueve a  este grupo que se toma la actividad con  seriedad, sin olvidar que el objetivo principal es disfrutar, ponerse en forma y compartir una magnífica velada con sus compañeros.

Finalmente, organizan un pequeño partido en el que sacan a relucir sus mejores tácticas. Las risas ensombrecen la técnica y la competitividad. Lo que resta es el momento. Unos instantes de gozoso desahogo y distracción que cumplen con  el ideario, la meta del programa, que no es otra sino facilitar la integración de los dolientes.

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Día 4 (9)

Día 4 (7)

Como grupo, nos sentimos muy agradecidos por el trato recibido durante estos últimos meses por parte de estas instituciones. Gracias a la libertad con la que hemos podido obrar, hemos sido capaces observar de un modo completamente distinto y desde “el otro lado” cómo viven  las personas con problemas psicológicos y cuál es la actuación y visión de aquellos que tratan directamente con ellos.

Un sano ejercicio que nos ha permitido borrar estigmas vinculados al tema y, tristemente, muy enraizados en la sociedad actual.

T7A

Itínera I: la solidaridad no sale rentable.

Galicia vacía los psiquiátricos y lleva a los enfermos a geriátricos”

Bajo este titular, el periódico El País abría la sección de “sociedad”, hace tan solo unos meses.

En un contexto de crisis económica – y social –, los hospitales psiquiátricos se han sumado a la larga lista de perjudicados. Pero tras estos hospitales, no hay solo papeles, dinero, cuentas y números; hay vidas.

En el curso de voluntariado de Itínera, celebrado el pasado mes, los representantes de las diversas asociaciones más importantes se reunieron con el fin de debatir uno de los asuntos de más relevancia de los últimos tiempos: la falta de recursos.

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Carlos Martínez, coordinador de Itínera, hace hincapié en la necesidad de un cambio de mentalidad, preocuparse más por la gestión, y reformar la estructura para mejorar el servicio.

Por su parte, Ignacio Valverde, representante de la asociación Xaruma, apuesta por la especialización y el intercambio de experiencias y actividades entre asociaciones.

Olga Iglesias, de Fonte da Virxe, hace referencia al asunto que trataba la noticia de El País, al denunciar la mala gestión y la despreocupación por parte del Sergas: “existe una mala gestión de los políticos, incluso hasta el punto de mandar a los enfermos a residencias. Las familias son las grandes afectadas: los enfermos ingresan en el hospital cuando la familia ya no puede más. La Administración pasa literalmente de estos enfermos”.

Por último, el presidente de FEAFES (Familiares y Personas con Enfermedad Mental), aporta un punto de vista más social, humano, al añadir que se debe luchar por la posibilidad de que alguien con trastorno psíquico pueda ser un ciudadano más, y ser feliz. Remata diciendo que vivimos en un estigma, y aboga por luchar contra la exclusión social que actualmente padecen.

Durante este último mes, hemos asistido a cursos, nos hemos documentado exhaustivamente, y hemos entrevistado a expertos en psiquiatría y representantes de Itínera y el Hospital Psiquiátrico de Conxo. Hemos encontrado historias, anécdotas, información prácticamente desconocida para todos aquellos que se quedan con las primeras planas de los periódicos, hemos encontrado esperanza, empatía y mucha solidaridad. Pero hay un denominador común que se repite constantemente, y es la falta de ayudas.

Somos conscientes de que, actualmente, apenas existen asociaciones, entidades o servicios que cuenten con la suficiente ayuda para mantener un mínimo de estabilidad necesaria para continuar adelante. Pero, ¿hasta qué punto podemos dejar que la falta de recursos repercuta en estas entidades? Recordad que estamos hablando de vidas. Vidas que dependen de la ayuda de estas asociaciones.

T7A