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Prejuicios fuera, por favor

Muchas son las personas que aún a día de hoy en el siglo XXI hablan y tratan con desprecio a lo emigrantes. Los españoles no han pasado desapercibidos ante la invasión de los prejuicios basados en estereotipos que, de forma “normal”, suele hacerse de las personas y colectivos que emigran a otro país. Incultura, temor a lo diferente, falta de humanidad… la escala de razones resulta de lo más diversa pero las consecuencias de estas manifestaciones siempre son las mismas: hacen sufrir a los protagonistas y empobrecen a quienes emiten dichos juicios de valor gratuitamente.

No sólo se habla con desprecio de gente de color, musulmanes o rumanos. Ser gallego, ayer y hoy, ha sido y es un blanco fácil para insultos y comentarios ridiculizantes para muchas cortas mentes. Además, en este absurdo concepto de gallego parece no haber diferencias entre el hombre y la mujer pero, como en todo, si miramos un poco más hallá, sí que las hay.

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Como ejemplo tenemos la famosa serie de películas sobre Cándida, una criada pobre que desde tierras gallegas emigra a Cuba. Gallega pobre e inculta que protagonizaba situaciones absurdas y que parecía llevar como apellido la tontería. Esta película batió récords de audiencia en tierras cubanas y récords de protesta por parte de los emigrantes gallegos. Algo que era de esperar o esperado ya que sin duda lo que más molestaba de este personaje era que todas las mujeres gallegas pasaban a ser “Cándida”. Este es un claro reflejo de la opinión hacia la mujer gallega desde países que no son el nuestro. Aunque dicho sea de paso, en el primer país donde se ridiculiza este papel es en la propia España. Pero lo, también, rudo y cruel es que si quitamos el gran ápice de injusticia en torno al ridículo papel que cobra esta mujer, la imagen no se aleja mucho de la realidad. Papel que simboliza a las primeras mujeres gallegas emigrantes de las que hay constancia. Mujeres que trabajaron duro desde el primer momento que pusieron el pie en otro país para mantener a sus familias, a la vez que los hombres, en trabajos más costosos y de aquellas con menor grado de importancia como es la limpieza doméstica.

Así bien, si los prejuicios y los estereotipos que dañan nuestra imagen no nos gustaron y nos siguen sin gustar, tengamos cuidado con los que formamos sobre los que intentan adentrarse en nuestro país a día de hoy. Ya sabéis, no tachemos sin razones a los demás si no nos gusta que nos tachen a nosotros. Al fin y al cabo todos somos personas.

Acabemos con los prejuicios si en nuestra mano está.

Rodríguez Bello, Cora 143 C02