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Miedo del miedo

Aristóteles definió al ser humano como “zóon politikon”, o lo que es lo mismo, animal social o animal político. Expresó así la doble dimensión del ser humano, como todo animal, es social, vive en una comunidad, pero tiene una particularidad, necesita de la política siempre que viva en ella, necesita organizar esta comunidad creando sociedades y organizar la vida en ciudades. El filósofo afirmó que solo dentro de una sociedad puede el ser humano realizarse plenamente, que tiene la necesidad imperiosa de vivir rodeado por otras personas. Aquellos incapaces de vivir en sociedad serían, para Aristóteles, bestias o dioses.

Los individuos comenzaron a vivir en sociedad por naturaleza, es inherente a ellos unirse cuando está oscuro, cuando hace frio, cuando tienen miedo de los depredadores… Pero se unen también para acallar un miedo mayor. Puede encender una luz, abrigarse o protegerse de un depredador, pero hay algo en todo ser humano al que él mismo teme. La incertidumbre, el miedo a la muerte, el miedo a descubrir lo que hay realmente en el interior de uno mismo… son miedos intangibles, imposibles de describir y de superar.

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Por esto se une el ser humano en sociedad, para tratar de paliar este terror abismal e incierto. Las personas se juntan y crean religiones que les dicen como deben ser, de que camino no deben apartarse, qué sucederá tras su muerte. Y con todas estas mentiras, se sienten más tranquilos, menos solos.

Pero también nuevos miedos se crean de la convivencia con otros seres humanos. Una vez más, miedos físicos, miedo a ser atacados por otros seres humanos, a que nos hagan daño, nos roben lo que tenemos… Pero también otro miedo más profundo, el miedo a los que piensan diferente y te hacen replantearte que tal vez tu pensamiento no es el correcto, que no tienes la verdad absoluta y que tal vez sea imposible encontrarla y calmar tu terror.

Esta es una dicotomía insalvable. El ser humano tiene miedo a estar solo, tiene miedo a los peligros de la sociedad, tiene miedo a estar solo dentro de ella. Y estos son miedos que siempre estarán presentes. Las personas debemos aprender a vivir con ellos, a asumir la incertidumbre, aceptarla como parte de nosotros. Asumir que no podemos vivir solos, pero que tememos unirnos a otros. Por que, si no podemos llegar a conocer qué hay en nuestro interior con exactitud, ¿qué puede haber en el interior de los demás?

Por ellos creamos leyes, que nos hacen sentirnos protegidos, que nos aseguran que los individuos que se salgan de la norma, serán apartados del resto y no podrán hacernos daño. Nos amparamos en un equilibrio débil, sostenido tan solo por la confianza que tenemos en un conjunto de papeles que pueden perderse, mojarse, romperse… Sostenido en la certeza de que el resto tenga tanto miedo como nosotros y la confianza en que otro miedo, el miedo a verse apartado y quedarse solo, nos asegure que nadie se saldrá de nuestra ley.

Vázquez Pérez, Claudia 143 D03

¿Existe igualdad en la familia?

Nos encontramos en este momento inmersos en el proceso de documentación para la realización de las entrevistas personales de nuestro trabajo. En esta entrada me gustaría centrarme en uno de los documentos que estamos trabajando: “Modelos ideales de familia en la sociedad española” elaborado por Luis Navarro Ardoy para la Consejería de Igualdad de la Junta de Andalucía.

Este documento nos presenta primero tres modelos de relaciones familiares. Cabe destacar que los últimos datos que estudia este ensayo son del 2003, por lo que no contempla el matrimonio homosexual (legalizado en el 2005). También deja fuera del estudio a las familias monoparentales y se centra en las familias más habituales, los matrimonios con hijos.

El primer modelo de relación familiar es el modelo simétrico en el cual tanto el hombre como la mujer trabajan fuera de la casa y se reparten las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. El segundo es el modelo intermedio, ambos trabajan, pero la mujer menos horas y se ocupa en mayor medida de los hijos y el hogar. Por último presenta la familia tradicional, donde sólo el hombre trabaja y recae sobre la mujer toda la carga del hogar y de los hijos.

Me gustaría centrarme la familia intermedia, un modelo bastante engañoso. El estudio revela que, pese a que teóricamente las tareas continúan dividiéndose, finalmente es la mujer quien debe trabajar a tiempo parcial y ocuparse de todo el hogar, haciendo de esto la otra mitad de su jornada laboral, mientras que el hombre tan solo trabaja. De nuevo, el modelo de familia tradicional, con la diferencia de que la mujer también trabaja fuera, recayendo el doble de responsabilidad sobre ella.

Nos encontramos con que las mujeres trabajan igual que los hombres, cobran menos y suelen soportar el peso de hogar. Es decir, no hemos avanzado nada en materia de igualdad. Las mujeres siguen siendo el pegamento que mantiene a la familia unida, que la cuida y se ocupa de las tareas del hogar y ahora, además, trabaja. ¿Cuánto tiempo van las mujeres a tolerar esto?

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Veremos que opinan nuestras entrevistadas a este respecto, si verdaderamente ha cambiado algo en su rol familiar, si consideran que la vida familiar depende más de ellas que de sus maridos…

Vázquez Pérez, Claudia 143 D03

Si pones a un pez a escalar un árbol

Si pones a un pez a escalar a un árbol puedo asegurarte que no llegará a la cima. En realidad, no llegará a ninguna parte. Y muy probablemente, morirá en el intento. Pero si a este mismo pez, lo echas en el agua y le pides que nade, nadará. Nadará hasta donde sea necesario y lo hará de una forma perfecta. Porque sabe hacerlo, porque lo ha practicado toda su vida.

Si pones a un político a hacer una campaña política, obtendrás el mismo resultado que el pez escalador. Por el contrario, si pones a un publicista a hacer una campaña política, nadará, tal vez no de una manera perfecta, pero no se ahogará.

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En esta película, además de un gran acercamiento al final de la dictadura de Pinochet, yo entreveo esta reflexión. Hay muchos campos laborales a los que la gente se acerca sin ningún tipo de conocimiento o estudio pensando: “esto lo hago yo”. Es el caso de la publicidad, pero también sin duda del periodismo, disciplina a la que cualquiera que sepa juntar cuatro palabras cree que puede adherirse. ¿Cuántos no se cuelgan la etiqueta de periodista sin haber siquiera contrastado una fuente en su vida?

La cuestión es que “esto” no lo hace cualquiera. Para el buen ejercicio de una profesión, sea la que sea, se necesita de una educación en la misma. No puede una persona operar a corazón abierto sin licencia médica, ni defender a nadie en un juicio sin ser abogado. Nuestro trabajo, un trabajo realmente tan delicado, del que depende la mayoría de la información que llega a la gente, el que esta esté correctamente tratada, constrastada, que lo más objetiva posible y totalmente honesta… ¿debemos dejarlo en manos de cualquiera?

Ya que si le pides a un pez que escale un árbol, te juegas la posibilidad de que gobierne Pinochet.

Vázquez Pérez 143 D03