Miriam Meda: «Dejar de ser una periodista de ayer para empezar a ser una periodista de hoy»

Habiendo fracasado en todos los oficios, decidí hacerme periodista.

(Mark Twain)

Estimad@s compañer@s que estáis leyendo estas líneas,

Se supone que debo explicaros, para vuestro conocimiento, los conceptos básicos y las líneas generales de las que parte la actividad comunicativa a la que me dedico, que no es otra que la comunicación libre y comunitaria. Que os ilustre con alternativas a los medios convencionales, tanto públicos como privado-comerciales, y os muestre con ejemplos que hay vida más allá de Cadena Ser, El Mundo, TVE y similares. Pero dado que estáis aún formándoos y que probablemente estéis hechos un lío, como yo también lo estuve en su momento, me gustaría comenzar mejor por el principio de los tiempos…

Yo quería ser médica. La verdad es que ahora mismo ya no recuerdo por qué (en mi familia no hay ninguno), pero quería ser médica. La casualidad quiso que terminando la educación secundaria me surgiera la posibilidad de participar en un programa de radio semanal en una radio municipal, propiedad del ayuntamiento. Me alisté no por convicción, sino porque a esa edad yo me apuntaba a un bombardeo. Ya podía haber sido un taller de huertos ecológicos que de enriquecimiento de uranio. Me hubiera apuntado igual. Vamos, que yo no tenía vocación ni quería ser periodista desde que era un cigoto. Pero me absorbió tanto la magia de la radio que al final, a la hora de decidir carrera, escogí periodismo.

La carrera no me hizo ni fú ni fá. A medida que avanzaba de curso escribía más y hacía más prácticas. Menos televisión (nunca me ha llamado la atención) hice de todo: radio pública, prensa privada, agencia pública, radio privada… Pensaba que si me esforzaba al máximo y lo daba todo, al final, como decía mi madre “recogerás lo sembrado”. Pero digamos que luego en la realidad esta máxima no es exactamente así (a no ser que tengas un apellido determinado o el amigo correcto). Iba perdiendo la fe en lo que hacía y entonces, paseando por la Feria del Libro de Madrid, me topé con un libro que había escrito un colega: “Un oficio de fracasados. Libelo pro y contra el periodismo”. Lo leí y fue como una especie de catarsis, una especie de renacimiento. Me di cuenta de que lo que estudiaba no se correspondía con la realidad que yo estaba viviendo, el mundo estaba cambiando. Tanto el libro, como las clases, se empeñaban en explicar el periodismo tradicional de empezar de aprendiz, ir subiendo de categoría, pasar 15 horas en la redacción, cerrar con el envío a rotativa, celebrar que la edición había salido estupenda con varias copitas en el bar de enfrente, fumar un paquete de cigarrillos (o dos) y volver a tu casa en la que nadie te esperaba a las 2 de la mañana (puesto que los periodistas sufrían de las tres “D”, a saber: divorciados, dipsómanos y depresivos). Me di cuenta de que no estaba estudiando periodismo, sino Historia de un pasado reciente. Pero por muy reciente que fuera, historia al fin y al cabo. El presente era un compendio de periodismos ciudadanos, bloggers, ordenadores personales, twitters, ipads, EREs, trabajos laborales en fraude de ley, youtubes, freelances… Ya no eran teletipos, faxes, rotativas ni máquinas de escribir. ¿Y ahí dónde encajaba nuestra generación de informadores? A saber.

Casi al mismo tiempo que me sucedía esta crisis existencial, en la facultad me topé con un panfleto que gritaba “¡Radio Vallekas se cierra!” Y una retahíla de información de la cual yo no entendía ni una coma: que si radio libre, que si licencias, que si ataque a la ciudadanía y la libertad de expresión… Para mí no tenía ningún sentido pero me despertó la curiosidad. Venían varias direcciones y escogí una que me venía bien, que era la de la Unión de Radios Libres y Comunitarias de Madrid (URCM). Me acerqué y pregunté que qué era eso y a qué se dedicaban. Me explicaron que un medio libre o comunitario es aquel cuya propiedad no pertenece al Estado (como por ejemplo RNE o TVE), ni a una empresa (como por ejemplo Cadena Ser o Antena 3), sino a una asociación o colectivo ciudadano sin ánimo de lucro. Que no realizaban proselitismo religioso ni de partidos políticos y que todo el funcionamiento, estructura y contenidos se elegían de manera horizontal por todos los componentes del medio, es decir, que no había directores, redactores jefe, etc. Y, además, que todos los ingresos obtenidos revertían íntegramente en el proyecto sin que existiera un reparto de beneficios del estilo capitalista. Lo importante es que todas estas características se cumplan para ser un medio libre y/o comunitario, es decir, que una persona sola en su casa con un ordenador o un blogger solitario no lo son, porque la propiedad del medio no pertenecería en este caso a un colectivo. Sí que sería periodismo ciudadano o comunicación alternativa o cualquier otro término que pueda encajar, y cumpliría una función informativa, pero no son un medio comunitario.

Otra de las características que me explicaron en la URCM es que la incidencia que se tiene en la comunidad donde se integra el medio es muy alta. No sólo porque permite que personas que normalmente no accederían a un medio de comunicación para expresarse ante la masa puedan hacerlo, sino también porque se usa la radio como herramienta de trabajo e integración social de colectivos olvidados, tales como los ancianos, las personas con problemas de salud mental, los inmigrantes, los discapacitados, las mujeres, los hablantes de otras lenguas, los niños… Se realizan talleres de formación y programas e informaciones con ellos, y todo eso mezclado supone la consecución de una democracia mucho más real y también provoca cambios sociales y transformaciones en la sociedad. Además de que cumple con varias de las premisas principales del periodismo, como que éste informa y educa y, además, sirve a los intereses de los ciudadanos y a los de los poderes políticos y/o económicos.

Fue a partir de ese momento cuando decidí dedicar mis conocimientos y mi actividad a los medios comunitarios. De hecho, no he vuelto a trabajar para ningún otro tipo de medios, al menos por el momento. En el Estado español hay alrededor de 150 radios comunitarias y unas 15 televisiones comunitarias. Lo bueno de estos medios es que no compiten entre sí, lo cual eso les abre puertas para colaborar intercambiando todo tipo de contenidos para así llenar las parrillas, realizar programas en conjunto, e incluso realizar coberturas estatales de ciertos eventos, como las últimas manifestaciones que se han llevado a cabo por todo el territorio nacional durante 2012 y comienzos de 2013. La expresión máxima de esta colaboración se plasmó en 2009 con la creación oficial de la Red de Medios Comunitarios del Estado español (ReMC), que actualmente está conformada por un total de 41 medios entre radios, televisiones y productoras. La ReMC tiene como objetivos principales tejer lazos y crear redes entre los diferentes medios comunitarios para que puedan compartir contenidos, conocimientos técnicos, equipamiento, ideas y personas; así como establecerse como una entidad de defensa del Tercer Sector de la Comunicación frente a entidades administrativas públicas, corporaciones privadas de comunicación y entidades de gestión de diversos derechos (como los de autor).

Así que, en mi caso concreto y desde mi experiencia, tuve que dejar de ser periodista para poder convertirme en periodista.

¡Os deseo muchísima suerte!

Miriam Meda González

Para saber más

-Radio Ritmo Getafe: http://www.radioritmo.org

-Unión de Radios Libres y Comunitarias de Madrid: http://www.urcm.net y http://audio.urcm.net

-Red de Medios Comunitarios: http://www.medioscomunitarios.net

-Asociación Mundial de Radios Comunitarias: http://www.amarc.org

-Corto documental en clave de humor sobre las radios comunitarias: http://www.youtube.com/watch?v=nhC3UuvzTKU 

Posted on 23 Abril, 2013, in Documentos. Bookmark the permalink. 3 Comentarios.

  1. González Cid, Aris

    Llevamos trabajando con el tema de las radios comunitarias casi desde el comienzo de este cuatrimestre pera nada como leer tu post para aclarar todas mis dudas. Un post muy ameno en el que nos cuentas el camino que has seguido para acabar en el mundo de las radios comunitarias. Seguro que muchos, y no solo yo, se identifican con la experiencia que has contado: como lo que estudiamos en la facultad nos “decepciona”, que no es lo que habíamos esperábamos, que el trabajo y el esfuerzo no se corresponden con nuestras calificaciones etc. Me alegro mucho de que hayas encontrado tu lugar y de que hayas podido ocupar ese vacío que el periodismo tradicional no te proporcionaba, algo que espero que todos encontremos.
    Respecto a las radios comunitarias, encuentro su mayor logro y característica en la función que realizan como herramienta de integración hacia determinados colectivos. De esta forma se cumple la que para mí se la función más importante del periodismo: dar voz a los que no la tienen. Además, una radio comunitaria es un lugar ideal para reforzar las relaciones interpersonales del grupo y para encontrar puntos de vista y cualidades en común.
    ¡Muchas gracias Miriam por compartir tu experiencia con nosotros!

  2. Hola Aris, buenos días. Me alegra mucho que te haya gustado el post y perdonad la tardanza, pero se me había olvidado completamente que había realizado esta colaboración para vosotr@s gracias a mi colega Marcelo y me he acordado hoy porque acabo de leer un post aquí mismo sobre una visita a L@s Magnífic@s de Cuac FM 🙂

    Me alegra mucho que creas que la función del periodismo es la de “dar voz a los sin voz”, porque precisamente la tendencia ahora mismo es la contraria, y me explico: el sistema periodístico ha alcanzado tal nivel de ego que lo que antes suponía una función de mediador (entre otras de análisis e investigación, claro está) entre la realidad y la ciudadanía, ahora se erige como el poseedor absoluto de esa realidad, no de mediador. Si alguien más se atreve a intentar mediar entre la realidad y la ciudadanía se la considera un INTRUSO, que es una palabra que tiene mucha repercusión en nuestro fantástico mundo de luz y de color noticioso.

    A mí no me apena tanto que el sistema se haya pervertido de esta manera, como que l@s estudiantes de comunicación reproduzcan este discurso sin analizarlo, y menos siendo ellos mismos víctimas no de la ciudadanía, sino de este sistema que desde luego no les va a beneficiar. Cuando a ti alguien te dice que algo es como es, tienes que pensar a quién beneficia exactamente que esto sea así. En el caso que nos ocupa, ¿a quién beneficia que los estudiantes y futuros periodistas crean que son supermegaguays porque han estudiado una carrera, en detrimento del mensaje de la ciudadanía? Primero, al sistema universitario, que a la vez que se deteriora por los poderes políticos está ávido de que tú pongas su dinero en él. Y segundo, beneficia a las empresas, porque cuantos más periodistas licenciados haya, más posibilidades tienen ellas de contratar a coste 0 (¿te suena?). Y el estudiante en sí, en vez de mosquearse y ponerle solución a que lo estén utilizando unos y otros va y acepta esa utilización y se enfada porque hay gente que accede a la profesión sin una titulación, sin el dinero inmenso que él o ella ha invertido y sin los sinsabores de las épocas de exámenes y trabajos. Es normal que uno se cabree, claro que sí, porque somos humanos. Pero si canalizáramos ese cabreo hacia quienes de verdad son los causantes del problema, entonces a lo mejor hasta hallábamos una solución. El enemigo no es el “intruso”, precisamente. Más que enemigo, yo diría que es bastante inteligente al no haber aceptado el engranaje perverso del sistema corrompido. En vez de luchar contra el enemigo, lo estamos defendiendo con exactamente sus mismos argumentos. Diremos en la redacción de Qué País, NoSer o Vaya Mundo “joer con los intrusos, qué morro tienen” mientras trabajamos 8 o 10 horas literalmente gratis. Mmmm… creo que el problema no es dar voz a la ciudadanía, ni es eso lo que destruye la profesión, ¡muy al contrario!

    Me alegra que hayas sabido verlo 😉 Y no me enrollo más que en el artículo me pidió Marcelo creo 3000 caracteres y se me debió de ir a 7000 o algo así 🙂

    Recuerda que cuando encuentres tu camino, el que sea, la mayoría (incluida tu familia, puede ser) dirá que eso no vale para nada. Cuando vean que no pueden parar tu idea, intentarán decirte cómo lo tienes que hacer. Y cuando a pesar de todo hayas triunfado, te dirán que ellos siempre creyeron en ti.

    Pues ni caso.

  1. Pingback: Despegando! | Común (e persoal)

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