Soñadores.

¿Para qué queres ser periodista? Non che vai servir para nada, busca outra carreira mellor”. Durante años, mi madre intentó convencerme de que el periodismo era algo malo, una profesión que no me iba a dar una vida tranquila (buen sueldo, casa, coche, vacaciones pagadas, blablabla). Ahora que ya no puede alejarme de esa obsesión por ser periodista, le digo que algún día seré corresponsal de guerra, pero tampoco parece aceptarlo.  “Ti rapaza… a túa cabeza non vai ben. Cala a boquiña anda, e deixa de dicir parvadas”.

Mamá, como tantos otros, nunca entendió que yo no quería una vida tranquila. Yo quería ser periodista para estar en cualquier lugar en el que ocurriese “algo”. Podía ser algo bonito, algo malo, algo fascinante o algo doloroso. Podía ser una final de Champions, o un atentado suicida en Beirut, pero yo quería estar allí. ¿Por qué nadie lo entiende? Quizás porque suena a sueño, a locura, y no a realidad.

Yo creo que los periodistas somos unos soñadores. Primero, mientras estamos en la universidad, soñamos con un trabajo perfecto, sin tener que madrugar mucho, en donde el jefe nos deje escribir de forma libre e independiente. Bueno, y ya si el jefe somos nosotros mucho mejor. Después, cuando nos convertimos de verdad en periodistas (si tenemos suerte, incluso periodistas con trabajo), no sé, supongo que soñamos con cambiar todo aquello que en la facultad nos dijeron que no se podía hacer… pero que hacemos. Algo así pasa en Tinta Roja, donde Alfonso, que acaba de conseguir un puesto como becario en el periódico amarillista El Clamor, ve en su jefe a la antítesis del buen periodista; mientras que este último, Faúndez, recuerda que un día fue como su becario, y durante un momento incluso le gustaría ser como él. Pero el sensacionalismo tira, a muchos incluso les gusta, ¿a quién no le gusta escuchar un cotilleo?

En Tinta Roja David no gana a Goliat. El becario no cambia a su jefe. Alfonso acaba siendo una copia de Faúndez. En la vida real, yo, que sigo en la primera etapa del sueño, me pregunto si podré escapar de esta batalla, si podré ganarla en todo caso, o si llegará un momento en el que me traicione a mí misma y me convierta en alguien como Faúndez.

Escena de la película Tinta Roja.

Escena de la película Tinta Roja.

GUIANCE PIÑEIRO, HENAR 142.C05

Posted on 27 Febreiro, 2014, in Lecturas e filmes and tagged , . Bookmark the permalink. 3 Comentarios.

  1. Lo primero enhorabuena por este post. Me ha encantado el modo en como redactaste esto que algunos de nosotros sentimos. Coincido contigo en que el “amarillismo” no es la salida que nosotros, como periodistas en la primera fase del sueño, como tu bien dices, queremos. Pero es cierto que hoy en día quién puede permitirse rechazar un puesto de trabajo porque no sea exactamente lo que ha querido. Obviamente todos nosotros soñamos con ejercer nuestra profesión de la manera más honesta y ejemplar que se pueda, pero también es cierto lo que comentas de que a todos nos gustan los cotilleos. Yo personalmente espero no trabajar en el mundo amarillista pero nunca podemos decir nunca.

  2. Lo primero enhorabuena por este post. Me ha encantado el modo en como redactaste esto que algunos de nosotros sentimos. Coincido contigo en que el “amarillismo” no es la salida que nosotros, como periodistas en la primera fase del sueño, como tu bien dices, queremos. Pero es cierto que hoy en día quién puede permitirse rechazar un puesto de trabajo porque no sea exactamente lo que ha querido. Obviamente todos nosotros soñamos con ejercer nuestra profesión de la manera más honesta y ejemplar que se pueda, pero también es cierto lo que comentas de que a todos nos gustan los cotilleos. Yo personalmente espero no trabajar en el mundo amarillista pero nunca podemos decir nunca.
    Rapa Casariego Laura 143 D01

    • Gracias Laura, yo también espero no tener que rendirme al sensacionalismo. Sin embargo, como dices, no todos podemos permitirnos el lujo de rechazar un trabajo, así que, o mucho cambian los medios, o nos tocará traicionar nuestros ideales. Pero ojo, somos nosotros los que tenemos la obligación (creo) de rechazar el sensacionalismo y de luchar contra él.

      GUIANCE PIÑEIRO, HENAR 142.C05

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