La escuela en los tiempos de mi abuela

Siguiendo con uno de los apartados de nuestro trabajo he pasado a preguntarle a mi abuela sobre su educación y sobre aquellos años en los que la escuela formaba parte de su vida.

Ante la idea de que sus experiencias me sirvan para completar mi trabajo se ha sorprendido y ha intentado contarme lo mejor que pueda de aquella época.

Los niños empezaban la escuela con siete años y continuaban en la misma hasta los quince años. Era raro que tuvieran estudios tras ella. En el caso de mi abuela, una vez cumplidos los quince años y terminado ese curso comenzó a trabajar. Para explicarme mejor como pasaban por la escuela mi abuela me describió como era un día normal y corriente.

“Nada más llegar a la escuela nuestra maestra nos decía que era hora de rezar. Nunca pasábamos un día sin rezar y si remoloneábamos sabíamos que nos iban a castigar, así que lo hacíamos lo mejor que podíamos. Después dábamos las clases normales y las de caligrafía, que eran las más importantes. Nos dejaban ir a comer a casa y por la tarde vuelta a la misma rutina.”

En el caso de mi abuela su colegio era pequeño, no había un gran número de aulas ni tampoco de materiales o muebles. En las clases, exclusivamente de chicas, no había suficientes sillas para el gran número de niñas que juntaban en la misma. La edad no era el criterio por el que dividían a los alumnos, por lo que en la misma clase había tanto niñas que comenzaban sus estudios como otras más mayores. El recreo era el único momento en el que se juntaban tanto chicos como chicas.

Si no acataban las normas de comportamiento los castigos iban desde permanecer un buen rato arrodillados y con los brazos en cruz hasta recibir un golpe con una vara. La disciplina era muy importante y se aplicaba a todos los ámbitos académicos.

“Sí durante la clase de escritura derramabas tinta sobre los ejercicios o se te caía una gota muy pequeña tenías que volver a empezar y te hacían quedarte hasta más tarde.”

Como vistazo a la primera generación sobre la que trata nuestro trabajo veo que la disciplina era algo que estaba  muy presente ya fuese en las escuelas de la ciudad o de las aldeas y que los castigos eran algo muy habitual.

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ALONSO FERNÁNDEZ, ROMINA 151.G01

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Posted on 2 Marzo, 2015, in Posts individuais and tagged . Bookmark the permalink. 5 Comentarios.

  1. Tras ler a historia da túa avoa, o primeiro que me veu á cabeza foi: vaia sorte a desa muller, pois creo que outras moitas da súa idade non tiveron a oportunidade de pasar tantos anos na escola! Miña avoa, como moito, estudaría tres ou catro anos, non máis! Na súa época, con nove anos xa tiñan que traballar. Era necesario que os fillos axudaran aos seus pais nas labores da casa: ir co gando de vacas, plantar na horta…
    Comparto a opinión de que a disciplina era algo que estaba presente en todo momento. Meus avós téñenme dito moitas veces: “Ai esto nos nosos tempos non pasaba”, referíndose a que agora os máis pequenos pásanlle a calquera por riba. E nisto téñolle que dar en parte a razón. No século XXI, xa non se lle ten o mesmo respecto aos profesores nin ás persoas maiores. Tamén é certo que antes se lle tiña demasiado respecto por medo ao castigo que podías recibir.
    No referido ao tema da relixión… que dicir? Iso naqueles tempos era do máis normal. A todas as horas do día había que rezar! Xa menos mal que esta costumbre mudou, pois son partidaria de que cada un na escola ten que poder decidir se quere estudar a relixión católica ou non.
    Tamén mencionas os castigos cos que os mestres castigaban aos alumnos. Xa menos mal que isto tamén desapareceu, porque hai formas e formas de castigar a unha persoa sen ser necesaria a violencia.
    A modo conclusión, dicir que me parece moi satisfactorio ler estas historias reais de persoas que as viviron non un ano, senón varios. Creo que escolléchedes unha boa maneira de realizar o voso traballo: o contacto directo cos protagonistas. Á medida que o ides construíndo, ides levando a cabo unha comunicación interpersoal moi grata.

  2. Tras ler a historia da túa avoa, o primeiro que me veu á cabeza foi: vaia sorte a desa muller, pois creo que outras moitas da súa idade non tiveron a oportunidade de pasar tantos anos na escola! Miña avoa, como moito, estudaría tres ou catro anos, non máis! Na súa época, con nove anos xa tiñan que traballar. Era necesario que os fillos axudaran aos seus pais nas labores da casa: ir co gando de vacas, plantar na horta…
    Comparto a opinión de que a disciplina era algo que estaba presente en todo momento. Meus avós téñenme dito moitas veces: “Ai esto nos nosos tempos non pasaba”, referíndose a que agora os máis pequenos pásanlle a calquera por riba. E nisto téñolle que dar en parte a razón. No século XXI, xa non se lle ten o mesmo respecto aos profesores nin ás persoas maiores. Tamén é certo que antes se lle tiña demasiado respecto por medo ao castigo que podías recibir.
    No referido ao tema da relixión… que dicir? Iso naqueles tempos era do máis normal. A todas as horas do día había que rezar! Xa menos mal que esta costumbre mudou, pois son partidaria de que cada un na escola ten que poder decidir se quere estudar a relixión católica ou non.
    Tamén mencionas os castigos cos que os mestres castigaban aos alumnos. Xa menos mal que isto tamén desapareceu, porque hai formas e formas de castigar a unha persoa sen ser necesaria a violencia.
    A modo conclusión, dicir que me parece moi satisfactorio ler estas historias reais de persoas que as viviron non un ano, senón varios. Creo que escolléchedes unha boa maneira de realizar o voso traballo: o contacto directo cos protagonistas. Á medida que o ides construíndo, ides levando a cabo unha comunicación interpersoal moi grata.

    Rodríguez Suárez, Melissa 152.E03

  3. seminariocomunicacion1

    Coincido con mi compañera en que el caso de tu abuela creo que dista bastante de lo común pues ninguno de mis abuelos fue durante tantos años al colegio. Por otra parte, al escoger el análisis de su etapa académica a partir del relato de un día no se aprecia pero uno de los factores claves, por lo menos en el caso de mis abuelos, que es la falta de regularidad en la asistencia al colegio. Era habitual que los niños no fuesen a las clases y en vez de eso permaneciesen en casa ayudando a sus padres. En el caso de las niñas, solían realizar los labores domésticos. En todo caso, todos estos testimonios son muy valiosos y nos permiten conocer una época que percibimos como muy lejana a través relatos de personas muy próximas a nosotros.

    Iglesias Caamaño, María 151.C03

  4. María Sánchez Dios

    No podría estar más de acuerdo en cómo los testimonios del pasado deben recuperarse y enriquecernos. Pero creo que dado que -por lo que tengo entendido -vais a realizar una comparación entre la escuela de nuestros abuelos con las de hoy, sería igualmente enriquecedor conocer cómo tu abuela, en este caso, ve los colegios de sus nietos.

    A mí por lo menos, me gustaría conocer cómo fue el proceso de aceptar como algo normal que las mujeres llenasen las aulas, que los rezos dejasen de ser obligatorios y que ahora la edad de entrar al mercado laboral sea mucho más tardía. Creo que estaría bien conocer cómo se vivieron estos cambios o la visión que tiene una persona anciana de la actualidad que tanto dista de su infancia y juventud.

    SÁNCHEZ DIOS, MARÍA 152.A04

  5. seminariocomunicacion1

    Como me sugirió María le pregunté a mi abuela cómo veía el colegio en el momento en el que acudí yo. Ella me contó que el cambio tan grande que se había dado en la educación le alegraba ya que en el colegio se ayudaba al niño a que aprendiese no solo era disciplina. En la actualidad de algún modo, en la educación primaria que es de lo que más pude hablar con ella, los profesores parece que animan más a los niños a aprender y esto facilita las cosas. Pero algo que le desagrada es ver como se le ha perdido el respeto a los profesores, ella no es partidaria de esa fuerte disciplina a la que se veía sometida en la escuela pero sí piensa que debería existir una relación de respeto. Como dice Melissa se le tenía un respeto tan grande por el miedo que daban los castigos de la época.
    Respondiendo a María Iglesias, el caso de mi abuela paterna que es del que hablo en el post también dista de la situación de mi abuela materna. Mi abuela paterna fue todos los años que los niños podían asistir a la escuela primaria pero mi abuela materna tan solo fue una semana. Esto se debe a que ella debía trabajar y cuidar de sus hermanas más pequeñas por lo que el tiempo que hacía falta para dedicar a su educación lo destinaba a trabajar.

    ALONSO FERNÁNDEZ, ROMINA 151. G01

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